M@re Nostrum

El Parque Marítimo de Cabrera
La vida en el fondo del mar
Extraído de la Guía de Visita del Parque

Introducción


Vista de la isla Conejera desde Cabrera

el total de las 10.000 hectáreas de superficie del Parque Marítimo de Cabrera, 8.703 corresponden al ecosistema marino entre los 0 y los 120 m de profundidad, el máximo dentro de sus límites.

De entre las diversas comunidades inventariadas cabe resaltar la del fanerófito Posidonia oceánica que ocupa una extensión importante de los fondos arenosos del parque, entre los 0 y los 45 m de profundidad. Su mejor representación se encuentra en la bahía de Santa María y en la Olla, ambas estrictamente protegidas.

Además, la posidonia sirve de biotopo a más de 60 especies de algas que viven sobre sus hojas (epífitos), y a un gran número de invertebrados que viven entre sus hojas y raíces (endofauna) o que las utilizan para realizar sus puestas. El papel ecológico de la posidonia se ve reforzado como elemento fijador del terreno, pues evita la pérdida de arena de las playas.


Tres colas (Anthias anthias)

Junto a la posidonia se identifican otras comunidades marinas en el parque nacional, entre las que caben destacar, por ser las de mayor diversidad, aquellas de las paredes verticales rocosas entre 0 y 90 metros de profundidad, que se dan principalmente en la zona sur, con representación interesante del coralígeno. También encontramos comunidades cavernícolas de carácter esciáfilo, fondos de maërl, comunidades de Laminaria rodriguezii, etc.

La fauna marina está igualmente bien representada, encontrándose documentados hasta el momento los siguientes grupos zoológicos de invertebrados: 82 especies de poríferos, 33 de cnidarios, 3 de poliquetos, 1 sipuncúlido, 1 equiúrido, 18 especies de crustáceos, 23 moluscos, 20 equinodermos y 10 tunicados.

Entre los vertebrados podemos citar más de 200 especies de peces con unas poblaciones en aparente buen estado. Cabe citar entre ellas el rascacio (Scorpaena porcus), el cabracho (Scorpaena scrofa), la rata (Uranoscopus scaber), el raó (Xyrichthys novacula), el dentón (Dentex dentex), la dorada (Sparus aurata), el pargo (Pagurs pagrus), el sargo (Diplodus sp.), la serviola (Seriola dumereli), el salmonete (Mullus sp.), el mero (Epinephelus guaza) y un largo etcétera.


La tortuga boba (Caretta caretta)

Entre los reptiles, la tortuga boba (Caretta caretta) es la más fácil de observar. También presentes, aunque extremadamente raros, son los ejemplares de tortuga laúd (Dermochelys coriacea).

En cuanto a mamíferos marinos son frecuentes los avistamientos de delfines, principalmente el mular (Tursiops truncatus), aunque también aparecen delfines listados (Stenella coeruleoalba) y comunes (Delphinus delphis).


La foca monje (Monachus monachus)

Hacer mención para finalizar de la desaparición del medio natural de la foca monje (Monachus monachus), cuyos últimos ejemplares de las Baleares habitaron en el archipiélago antes de su extinción por la presión humana.

El avistamiento reciente de ejemplares divagantes y los programas de recuperación europeos hacen pensar en la posibilidad de una futura reintroducción. Esta posibilidad, si bien no es en la actualidad considerada un objetivo directo de la administración del Parque, sí ha de considerarse como una finalidad a largo plazo, más que por el hecho en sí de la reintroducción por la consecución de una calidad y protección del ecosistema del Parque que permitan pensar en la posibilidad de llevarla a cabo con garantías.

Pese a la poca productividad de sus aguas, el buen estado de conservación y variedad de comunidades marinas presentes hacen de Cabrera un enclave de gran valor natural y acentúan su singularidad dentro del Mediterráneo Occidental.

El paisaje submarino
¿Aguas pobres? ¡Aguas claras!


Los fondos de posidonia
(Posidonia oceánica)

Cuando se llega al puerto de Cabrera, antes de desembarcar, nos sorprende la visión nítida del fondo marino. Las masas de posidonia ondulantes, que alternan con las manchas de arena, son tan claramente visibles que los días de calma podemos tener la sensación de que la embarcación en la que nos encontramos está gravitando en el aire.

Si intentamos explicarnos el porqué de esta transparencia, indudablemente atribuiremos el fenómeno a la lejanía de las zonas urbanas que, con sus vertidos, intoxican los mares. El aislamiento geográfico es un buen punto de partida para mantener unas aguas claras. Otro motivo, más oculto pero no menos importante, es la escasa pluviosidad que se registra en Cabrera. Las lluvias en el archipiélago son recogidas por una vegetación ávida de agua, y absorbidas por un terreno cuya geología kárstica atrapa prácticamente hasta la última gota.

En sitios lluviosos, las aguas arrastran las materias minerales del suelo, los nutrientes, hasta los ríos, y mediante ellos, hasta el mar. Los factores que condicionan la proliferación de las algas microscópicas de las aguas libres (planctónicas) y las de los fondos marinos (bentónicas) son la luz solar y el aporte equilibrado de nutrientes. A partir de los vegetales marinos se construye un entramado de relaciones de dependencia, de quién come a quién, mientras que de la cantidad de nutrientes aportados dependerá cuánto come cada uno.


La escórpora (Scorpaena sp.)

Sin embargo, con lo poco que llueve en Cabrera, unos 360 mm de precipitación media anual, difícilmente llegarán las aguas al mar arrastrando nutrientes. Las aguas marinas de los alrededores de Cabrera son catalogadas por ello entre las llamadas poco productivas u oligotróficas (de oligos=poco y trophos=crecimiento). En este medio físico tan poco generoso, se ha establecido un conjunto de ecosistemas cuyos integrantes están perfectamente adaptados a unas aguas poco productivas, o lo que es lo mismo: aguas pobres no es sinónimo de aguas muertas.

La biomasa de los seres presentes, animales y vegetales, crece lentamente año tras año. El mero, el cabracho, la nacra, la langosta y la posidonia apuestan por la longevidad, por acumular año tras año aquello que tan escasamente les es dado. No podía ser de otro modo. No cabe soñar para Cabrera la productividad de los grandes bancos de bacalao de Terranova, los cuales reflejan el aporte de nutrientes de los grandes ríos americanos y de las corrientes marinas atlánticas.

Filtrar aguas limpias cunde poco


La nacra (Pinna nobilis)
Una especie protegida.

Vale más tomárselo con calma. Aunque pasen años, la nacra (Pinna nobilis) aplica esta máxima. Se trata del mayor molusco bivalvo del Mediterráneo y puede llegar a medir 90 cm de longitud. Puede resultar sorprendente, a primera vista, el dato de que el pequeño mejillón común filtra unos 100 litros de agua al día mientras que la voluminosa Pinna solo filtra unos 10 litros al día.

Sin embargo, en consonancia con lo que explicábamos en el apartado anterior la nacra es un animal longevo, que trabaja poco y tarda años en afrontar la tarea más importante de todo ser vivo: la reproducción.

El voraz pulpo, las fuertes mandíbulas de la dorada, o el mortífero sifón perforador del gasterópodo Natica han sido los enemigos naturales de la nacra durante milenios, pero no consiguieron poner en peligro la persistencia de la especie. Las amenazas reales para la nacra son la recogida a mano en aguas poco profundas, por parte de los coleccionistas de curiosidades, la introducción de contaminantes en el agua de mar, que se acumulan inexorablemente en el organismo del animal, y la alteración de los grandes fondos mediante métodos de pesca poco respetuosos con el medio.

La supervivencia de esta especie está vinculada a la protección de los fondos marinos, la progresiva reducción de vertidos de todo tipo al mar y la prohibición de su recogida en las aguas accesibles a los buceadores. Estas medidas deberían ser suficientes para evitar su desaparición.

Nubes de peces


Bandada de salmonetes (Mullus sp.)

La segunda agradable impresión que podemos llevarnos al llegar al Parque, es que los peces proliferan por doquier. Desde la borda del barco, o al introducirnos bajo el agua para un baño refrescante, podremos observar importantes bancos de peces gregarios, como las multitudinarias castañuelas (Chromis chromis) con su inconfundible cola bifurcada, los sargos, las salpas (Salpa salpa), que pastan perezosamente los brotes de posidonia, o las obladas (Oblada melanura), siempre atentas a los trozos de pan que puedan caer de nuestro barco.


Pejeverdes (Thalossoma pavo)

Una prospección más detallada nos revelará a los individuos solitarios, como los pequeños góbidos; a los más territoriales, como los meros de buen porte y curiosa mirada (Epinephelus guaza, Epinephelus alexandrinus), pero también a las vaquitas (Serranus scriba) y las miméticas platijas (Solea sp.)

La prohibición de la pesca deportiva ha hecho posible la proliferación de sargos, lábridos y serranos, que eran objeto de la pesca de "volantín". También se han recuperado de manera notable aquellas especies que, como el mero y la morena, eran objeto de caza submarina con fusil.

Ahora pueden ser vistos con facilidad en las cercanías de sus guaridas, holgazaneando de día sobre las rocas cubiertas de algas fotófilas, con las que se confunden fácilmente, con la tranquilidad del que se sabe prácticamente invisible.

Acantilados submarinos

El tercer aspecto que sorprende del paisaje submarino de Cabrera a aquellos que bucean en sus aguas es la grandiosidad de sus acantilados submarinos.


Los acantilados submarinos

Observando las cartas náuticas, podemos comprobar que los perfiles batimétricos son muy acusados en la práctica totalidad del archipiélago. Tampoco sorprenden los cantiles submarinos, tras haber observado la parte emergida de las islas, sometidas a una intensa tectónica, de la que forman parte importantes fracturas y plegamientos. Toda la complejidad geológica de la parte emergida tiene su continuación en el medio submarino.

Los procesos geológicos que acaecieron en el terciario son los que trazan las líneas maestras que rigen el paisaje submarino en Cabrera. De la dirección del sistema de fracturas principales deriva la orientación de las paredes de roca, que reciben por ello diferente cantidad de radiación solar, una de las reglas del juego básicas por las que se rige la competencia entre los animales y las plantas que se fijan a ellas.

La visión submarina de los acantilados submarinos de Cabrera es sobrecogedora, básicamente porque se pueden apreciar en toda su magnitud, debido a la transparencia de sus aguas. En la vertical de las paredes podremos ver miles de castañuelas recortándose contra el fondo de color azul intenso. En los cabos, que hay que recordar con precaución, debido a que en ellos las corrientes son habitualmente intensas, si avanzamos sigilosamente podemos descubrir impresionantes bancos de espetones (Sphyraena sphyraena) parientes cercanos -inofensivos- de las temidas barracudas tropicales. Al fondo, los bloques caídos y, finalmente, los fondos de arena completan el espectáculo ante nuestros ojos.

Calas con fondos arenosos
el paraíso de la Posidonia oceánica


La Posidonia oceánica

Tal vez la primera pregunta que deberíamos hacernos debiera ser ¿cómo se forman las calas? Aunque el mecanismo de formación es múltiple, el grueso de la explicación se fundamenta en dos hechos inicialmente: la tectónica terciaria dispuso de un modo concreto los materiales del archipiélago y, a continuación los embates de la dinámica marina han añadido el resto. Los materiales más blandos se han ido erosionando a mayor velocidad que los más resistentes, formándose, respectivamente, calas y cabos.

A medida que las calas crecen, se van creando ensenadas más resguardadas de los temporales, en las que se acumulan sedimentos arenosos y fangosos, procedentes de la misma erosión que describimos, y de la fragmentación y descomposición de los esqueletos de los diferentes animales marinos.

Así se genera la base para el establecimiento de comunidades de fondos blandos, biológica y paisajísticamente muy diferentes de las de fondos rocosos: paredes o cuevas. Los envites de las olas, que en caso de temporal se dejan sentir hasta los 35 m de profundidad, movilizan el substrato y ponen a prueba la capacidad de subsistir de los individuos que en él habitan. A mayor profundidad, este problema no existe, pero la falta de luz empobrece progresivamente la productividad biológica, y el ecosistema pasa a depender cada vez más de los aportes de nutrientes de la zona iluminada.


La pradera de Posidonia

La pradera de Posidonia oceánica, pese a que puede establecerse también sobre fondos de bloques o de roca, entra con mejores cartas en esta lucha por la subsistencia en el medio arenoso. Es una planta superior, que proviene de la adaptación al medio marino de un ancestro terrestre. Es perenne, por lo que una vez ganada la posición persiste año tras año en el mismo sitio, sin tener que afrontar cada año el desafío de germinar de nuevo, como hacen las plantas herbáceas; su condición de rizomatosa le permite crecer progresivamente, y entre las hojas y las raíces consigue retener a su enemigo, el sedimento, y crecer por encima de él y finalmente se reproduce tanto por semillas como por los brotes que los temporales desgajan de las matas, que son depositados por las corrientes en las zonas más encalmadas, en las que el pequeño esqueje tiene una nueva oportunidad de medrar.

La percepción de la riqueza paisajística de la pradera de Posidonia oceánica se percibe a lo largo del año a principios de primavera. La pradera exhibe el color verde reluciente de sus nuevas y largas hojas. En las zonas más profundas, en los claros, la chopa (Spondyliosoma cantharus) hace su espectacular parada nupcial excavando con la cola y el hocico sus nidos de hasta un metro de diámetro en la arena.


Un semilla de posidonia germinando

El inicio del verano marca el celo de las castañuelas, que preparan sus nidos y oxigenan sus puestas, defendiéndolas ardorosamente ante cualquier intruso. Las hojas que no han sido comidas por las salpas (Salpa salpa) o los erizos (Paracentrotus lividus) comienzan a ver comprometido su funcionamiento, debido a la gran cantidad de organismos que se han fijado sobre ellas, y cuando ondulan al ritmo del oleaje exhiben un colorido espectacular. Los equinodermos aprovechan para alimentarse de epífitos en este bien surtido territorio foliar.

El otoño llega, como para los bosques caducifolios, para la pradera de Posidonia. Ha llegado el momento de desprenderse de las hojas viejas que, cubiertas de epífitos, ya no pueden realizar adecuadamente la función clorofílica. Las hojas empiezan ahora otro ciclo de utilidad, tras ser trasladadas a zonas profundas por las corrientes, o sacadas a las playas por los temporales: su biomasa servirá de alimento a multitud de detritívoros.

El efecto de vaivén provocado por las olas sobre los lechos de hojas muertas, combinado con la acción de los detritívoros, provoca el deshilachamiento de las fibras de las hojas que se aglutinan, por la acción mecánica del oleaje, en unas bolas de fibras que en esta época son expulsadas a las playas. El comienzo del invierno exhibe una pradera con las matas reducidas.

Proteger el mar, ¿con qué finalidad?


Un congrio (Conger conger)

Los primeros pasos de aquello que hoy conocemos como "protección de la naturaleza" fueron dados al percatarse la sociedad de que se estaba incidiendo negativamente en los ciclos biológicos de determinadas especies terrestres, llegándose a la extinción de muchas de ellas. Con relativa rapidez quedó patente que no bastaba con dictar severas normas de protección de una lista de especies amenazadas. Se constató que si se alteraba notablemente su hábitat natural, estas especies desaparecían aunque nadie las dañara directamente. Nacía el concepto de protección de hábitat, al amparo del cual cabía abrigar esperanzas de salvación de las especies.

La aplicación de las teorías de conservación de espacios naturales llega al medio marino en este estadio. Hoy sabemos que, para la conservación de determinadas especies marinas, es necesaria la protección de sus áreas de reproducción y crecimiento. Para algunas especies no son suficientes las normas que prohiben la captura y comercialización por épocas o tamaños, debido a la poca selectividad de la mayoría de los sistemas de pesca al uso.

El "efecto reserva"

En cuanto el hombre deja de realizar actividades extractivas en una área marina, se producen una serie de fenómenos, descritos en conjunto por la literatura especializada como "efecto reserva". Se produce una mayor abundancia de individuos, la talla máxima es mayor, cambia el comportamiento de los individuos, pasando a ser más confiado, y aparecen cada vez con mayor frecuencia las especies más sensibles a la pesca, que habían prácticamente desaparecido.

En las reservas marinas las especies objeto de pesca pueden llegar a la edad reproductiva con mayor probabilidad. Una pequeña población de reproductores adultos tiene una mayor capacidad reproductiva que los reproductores primerizos de pequeño tamaño.

Podéis recabar más información en esta dirección:

logos.gif (2401 bytes) Oficinas del Parque Nacional de Cabrera
Plaza de España 8, 1º
07002 Palma de Mallorca
España

Tel: 725010 - 725585

© Fotos: A.Font, M.Frontera, E.Ballesteros y B.Perelló
© Dibujos: Vicenç Sastre

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:40


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