M@re Nostrum

Esponjas: ¿El oro de Kalymnos?
por Faith Warn
traducción de Miquel Pontes

El texto y algunas fotos han sido cedidas por Faith Warn para M@re Nostrum
Visita el web del artículo original http://www.kalymnos-isl.gr/webweaver/frames.html
Prohibida su reproducción
Fotos de esponjas cedidas por el Dep. de Biología de la Universidad de Atenas

a pesca de esponjas en Grecia se remonta a tiempos inmemoriales. El uso de esponjas ya fue descrito por Aristóteles y también se menciona en el Ilíada y en la Odisea de Homero. Hace ya siglos que el comercio de esponjas griego está centralizado en las islas del Dodecaneso con un epicentro indiscutible: Kalymnos, la isla de los pescadores de esponjas.

Buscar esponjas, bucear para recolectarlas del fondo del océano y venderlas por todo el mundo es una actividad en la que Kalymnos siempre ha destacado. Durante los últimos 50 años esta isla ha sido el único lugar de Grecia que ha mantenido una flota barcos dedicados a la pesca de esponjas y, de hecho, la escuela nacional de buceo del país se halla ubicada en la costa de esta pequeña isla.

Poco nos sorprende, pues, que a las esponjas se las denomine "el oro de Kalymnos". Pero la pesca de esponjas representa mucho más que esto: es una habilidad, un desafío, una saga de pérdidas y ganancias, una tragedia pero también un orgullo adquirido de una actividad que sigue formando parte hoy en día del alma misma de esta escabrosa isla. Conocer esta historia es entender parte de la esencia de Kalymnos y de su gente.

¿QUÉ SON LAS ESPONJAS?

as esponjas no son plantas sino unos animales acuáticos -metazoos para ser precisos- que viven fijados al fondo del océano. Su superficie tiene miles de poros que constantemente absorben enormes volúmenes de agua, de la que extraen las bacterias que constituyen su alimento. Las esponjas actúan, por tanto, como valiosos filtros biológicos del agua del mar. Hay muchas especies diferentes de esponja, pero sólo se comercializan cinco tipos:

TIPOS DE ESPONJAS


Hippospongia communis
Conocida como "kapadiko

Spongia officinalis mollissima

Conocida como "psilo" o "melati"

Spongia officinalis adriatica

Conocida como "matapas

Spongia agaricina
Conocida como "
lagophyto"


Spongia zimocca

Conocida como "tsimoucha"

Ningún material hecho por el hombre puede compararse a las esponjas naturales para uso cosmético, para el baño, la pintura o el uso ornamental.

CÓMO SE PREPARAN LAS ESPONJAS PARA SU USO

Cuando acaban de ser pescadas, las esponjas son de color negro y tienen un aspecto poco atractivo. En cuanto el buzo las sube al barco, son vigorosamente pisadas por los pescadores para romper y desprender los tejidos internos. Entonces se lavan y se sumergen en el mar durante dos horas, se pisan y lavan una vez más y finalmente se golpean con ramas de palma para eliminar cualquier cuerpo extraño.

Durante la noche, las esponjas se sumergen en el mar dentro de una red y se repite todo el proceso hasta que desaparecen tanto la membrana externa como los tejidos, dejando sólo las fibras del esqueleto. Entonces las esponjas se ponen a secar en cubierta o colgando del mástil del barco. Una vez secas, se prensan y se ponen en sacos, listas para ser vendidas a los comerciantes.

Una vez en el taller del comerciante, las esponjas se recortan para ajustarlas a los tamaños requeridos y se las sumerge en una solución de agua y ácido clorhídrico que les confiere su famoso tono dorado. Si se desea un tono más claro se las sumerge en permanganato potásico. Este simple proceso produce una esponja lista para su uso: limpia, fresca, de color claro y con un tacto muy suave.

EL COMERCIO DE ESPONJAS
HISTORIA DE UN SIGLO DE GANANCIAS...

principios del siglo XIX, los comerciantes de Kalymnos vendían habitualmente esponjas en Kiev, en Moscú, en los países escandinavos, Europa Central, España y Francia, pero el principal cliente era Gran Bretaña. A mediados de siglo y durante algunos años, fue Trieste, en el norte de Italia, el principal centro comercial de esponjas, pero hacia finales de siglo Londres volvió a dominar el mercado.

El comercio con y a través de Inglaterra absorbió toda la producción mediterránea de esponjas de baño de buena calidad y no menos de seis grandes empresas de Kalymnos estaban asentadas en la "city" londinense, ganando un considerable poder e influencia. Destaca la familia Vouvalis, cuya opulenta mansión en el pueblo de Pothia (Kalymnos), amueblada al estilo victoriano inglés, todavía se conserva como museo.

…TIEMPOS DE PÉRDIDAS…

Durante el "boom" de 1868 la flota de esponjas de Kalymnos alcanzó los 300 barcos con buzos, 70 barcos arponeros y 70 arrastreros. El comercio de esponjas floreció hasta bien entrado el siglo XX pero, durante la Segunda Guerra Mundial, la flota fue casi completamente destruida. La reconstrucción empezó con el final de la guerra y unos 150 barcos se dedicaron a pescar esponjas una vez más.

En los años 50 se abrieron nuevos mercados para los comerciantes de esponjas de Kalymnos, como el Japón o los EE.UU., pero también apareció la amenaza de las esponjas sintéticas, hechas por el hombre y producidas a escala industrial y, por tanto, con un precio de venta mucho más bajo que las esponjas naturales. Privados de su sustento por la caída de las ventas, algunos buzos -apreciados mundialmente por su habilidad y valentía- se fueron a trabajar al norte de Australia o a Tarpon Springs, Florida.


Una esponja afectada
por la terrible enfermedad

Sin embargo, el golpe más duro y casi fatal para el comercio de la esponja se produjo en agosto de 1986, con la aparición de una enfermedad que se extendió por las aguas del Mar Egeo y del Mediterráneo, y que destruyó virtualmente todas las esponjas. La causa de este desastre todavía se debate, pero parece ser que se debió a una corriente marina especialmente cálida que, proveniente del Mar Negro, sembró la destrucción a su paso. Curiosamente esto ocurrió tan sólo algunas semanas después de la explosión de la central nuclear de Chernobyl.

La enfermedad de las esponjas no resultó catastrófica para Kalymnos porque algunos comerciantes se dedicaron a importar esponjas, principalmente del Golfo de México, mientras que otros se dedicaron a la pesca, a la marina mercante o a la industria de la construcción. Los que quedaron se dedicaron al turismo, comenzando así un negocio muy importante para la isla hoy en día.

…Y UN DÉBIL RESURGIMIENTO

Después de algunos años las esponjas del Egeo volvieron a encontrarse en grandes cantidades y podían ser pescadas una vez más sin alterar demasiado el ecosistema. Esta actividad se vio favorecida por las tendencias de los consumidores actuales, que prefieren lo natural a lo sintético. Además las esponjas son muy populares entre los turistas que visitan Grecia, ya sea como regalos o como recuerdos.

La tradición profundamente arraigada de la pesca de esponjas en Kalymnos se ha reavivado hoy en día, pero su supervivencia es frágil. El Mediterráneo está tan contaminado que sus ecosistemas naturales son fácilmente alterados por perturbaciones que, como los terremotos, aumentan la temperatura del mar.

En pleno siglo XXI, el futuro del antiquísimo comercio de esponjas parece unido indisolublemente a los grandes problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestro planeta.

LA PESCA DE ESPONJAS

l trabajo de un buzo pescador de esponjas era a la vez peligroso y exigente. Por supuesto, el pescador de esponjas necesitaba tener un excelente conocimiento del mar y de las esponjas que estaba buscando, pero también necesitaba una gran fortaleza física y una mente astuta. Estas habilidades solían estar acompañadas por otra cualidad más difícil de definir: una combinación de valor, orgullo y una especie de locura emprendedora, pero también una cierta afición al riesgo.

La necesidad a la que se enfrentaba el buzo era la de ganarse la vida, pero el riesgo que asumía era mucho mayor que el de la pobreza; era el riesgo de una parálisis de sus extremidades o el terror de una muerte horrible.

Los modernos métodos de trabajo hacen que los buzos actuales afronten muchos menos riesgos y se vean menos explotados que en el pasado. Sin embargo, estos cambios tan sólo han ocurrido en los últimos 20 o 30 años, el tiempo de una generación.

La pesca de esponjas de los primeros tiempos se realizaba desde pequeños barcos que llevaban entre cuatro y seis buzos, los cuales trabajaban a profundidades de unos 30 metros. Un observador se sentaba en un hueco de la proa del barco provisto de un cilindro de metal con fondo de vidrio, a través del cual observaba el fondo.

En cuanto descubrían esponjas se enviaba un buzo al mar, normalmente desnudo, que llevaba entre sus manos una gran piedra plana de mármol o granito. La piedra tenía un peso de unos 15 kg y tenía un agujero en el centro a través del cual se pasaba un cabo que se fijaba al barco.

Una vez en el fondo, en función de su fuerza física, el buzo soltaría la piedra y recogería las esponjas en una red o retendría la piedra consigo para encontrar así el camino de vuelta al barco. Estos "buzos a pulmón libre" no tenían ni traje protector ni equipo de respiración, por lo que permanecían bajo el agua tanto tiempo como podían contener la respiración.

A veces se encontraban esponjas en aguas poco profundas, a tan sólo 3 o 6 metros de profundidad. En estos casos no se necesitaba al observador, sino que cada buzo nadaba con su propio cilindro de observación en el que ponían las esponjas recolectadas hasta que el fondo de vidrio quedaba completamente cubierto. Este tipo de pesca de esponjas era conocido como "revera".

Otro método de pesca empleaba un arpón para arrancar las esponjas del fondo. Generalmente se llevaba a cabo desde un barco pequeño tripulado por dos o tres pescadores. Éstos observaban el fondo marino a través de un cilindro metálico con fondo de vidrio. Normalmente empleaban arpones de 4 a 5 metros de longitud para capturar las esponjas, pero los arpones podían alcanzar hasta 15 metros de longitud si se añadían extensiones a la caña del arpón. Este método de pesca exigía gran habilidad y cuidado, pues había que evitar dañar las esponjas, lo que reduciría de su valor.


Un "skafandro", el traje
de los buzos tradicionales

En el año de 1869 se produjo una revolución en la pesca de esponjas en Kalymnos a raíz de la introducción del traje de buzo, conocido como "skafandro". Dicho traje consistía en un traje de caucho con cuello de bronce al que se fijaba un pesado casco del mismo material. El casco estaba provisto de mirillas de cristal para permitir la visión del buzo, así como de una válvula que regulaba el suministro de aire, el cual provenía de una bomba instalada en el barco. Barco y buzo estaban unidos por una manguera de caucho reforzada con alambre de acero.

El uso del traje supuso un gran cambio. Cada barco embarcó entonces entre 6 y 15 buzos bajo el mando de un capitán. Los buzos podían sumergirse a profundidades de hasta 70 metros. Se comunicaban con el barco a través de una delgada cuerda atada a la muñeca derecha del buzo. Éste podía moverse por el fondo marino de las inmediaciones del barco, permanecer sumergido durante mucho más tiempo y por consiguiente podía recolectar muchas más esponjas.

La flota de pescadores de esponjas abandonaban Kalymnos en Pascua y no volvían a la isla hasta el otoño. No solo pescaban en aguas del Mar Egeo, sino también en las costas de Túnez, Libia, Egipto, Siria y el Líbano. La productividad de la pesca de esponjas se incrementó espectacularmente, así como el comercio y los beneficios, pero para los buzos el coste era terrible.

En aquellos días se ignoraban en Grecia tanto los riesgos como los requisitos de seguridad necesarios para sumergirse con un traje de buzo. No se observaban las necesarias paradas de descompresión antes de salir a la superficie después de haber buceado a grandes profundidades y, como resultado, muchos buzos resultaban afectados por el síndrome de descompresión, conocido internacionalmente como "the bends" o la "enfermedad de los buzos". Esta enfermedad llevó a la parálisis e incluso a la muerte, no a unos cuantos buzos, sino a la mayoría de ellos. Cada año, la mitad de los buzos que salían a la mar en primavera no volvían en otoño. Un informe destacaba que entre 1866 y 1915 se contabilizaron alrededor de 10.000 muertes y 20.000 casos de parálisis entre los pescadores de esponjas del Egeo.

A pesar de los peligros, el capitán del barco y los comerciantes de esponjas -e incluso algunos buzos- se resistían a dejar de emplear este letal método de buceo que, después de todo, les estaba permitiendo hacerse sumamente ricos. El uso del traje continuó, pese a todo, hasta principios de 1960, cuando empezaron a observarse de forma rutinaria los procedimientos de descompresión adecuados.

En 1970, el pesado traje de buzo fue reemplazado por el "nargile". Los buzos de hoy en día llevan un traje ligero hecho de neopreno y nylon, al igual que los buceadores deportivos de hoy en día, y pueden moverse libremente mientras respiran aire filtrado proveniente de un compresor instalado en el barco.

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE DESCOMPRESIÓN?

uando un buceador desciende bajo la superficie, la presión externa aumenta junto con la profundidad, por lo que debe respirar aire comprimido a la misma presión que el agua circundante para que sus pulmones no resulten aplastados. Parte de este aire se disuelve en la sangre del buzo pero se observó que, cuanto más tiempo permanezca bajo el agua y cuanto más profundo buceaba, más gas se disolvía en su cuerpo.

Cuando el buzo asciende, debe permitirse que estos gases disueltos sean expelidos de forma paulatina. Si se sube demasiado deprisa, este gas formará burbujas en los tejidos del cuerpo, obstruyendo venas y arterias, lo que provoca la muerte de los tejidos irrigados por dichos vasos sanguíneos.


Un buzo de 19 años atacado por "la enfermedad de los buzos"

Ignorantes de este fenómeno, los buzos de Kalymnos subían rápidamente a la superficie cuando acababan su trabajo, e iniciaban una tensa espera para descubrir si ellos también habían sido atacados o no por la "enfermedad de los buzos".

El principal componente del aire que causa el síndrome de descompresión es el nitrógeno que se acumula en el cuerpo del buzo mientras está sumergido y que se va eliminando cuando el buzo asciende y se reduce la presión.

Las burbujas de nitrógeno que se forman en el cerebro, la médula espinal o los nervios periféricos pueden causar parálisis y convulsiones, pero también dificultades de coordinación muscular, anormalidades sensoriales, entumecimiento, náuseas, problemas en el habla e incluso alteraciones de la personalidad.

Si las burbujas se forman en las articulaciones el buzo sufre un fuerte dolor y tiene dificultades de movimiento. La palabra "the bends" -los "doblamientos" - como se denomina coloquialmente a esta enfermedad en el mundo anglosajón, deriva de este problema, cuando el afectado es a menudo incapaz de estirar completamente sus articulaciones por el dolor que esta acción le provoca.

Las pequeñas burbujas de nitrógeno atrapadas bajo la piel pueden causar un sarpullido y dar sensación de comezón, aunque estos síntomas suelen durar únicamente entre 10 y 20 minutos. La tos intensa y la respiración dificultosa indican la presencia de burbujas de nitrógeno en el sistema respiratorio mientras que otros síntomas incluyen dolor en el pecho, sensación de quemazón al respirar y shock severo.

El síndrome de descompresión únicamente puede ser tratado de forma eficaz mediante la recompresión en una cámara hiperbárica, seguida por una descompresión gradual que permita la correcta y completa eliminación del nitrógeno residual pero, a veces, ni siquiera este proceso puede invertir el daño.

Lo que es seguro es que no había cámaras de recompresión a bordo de los barcos pescadores de esponjas de Kalymnos. Lo único que tenían era un "médico" que, con pocos conocimientos de los problemas de los buzos, frotaba el cuerpo de los que padecían el mal de las profundidades y esperaba unos días para ver si su destino era la invalidez permanente o una dolorosa muerte. 

(REFERENCIA: ENCICLOPEDIA BRITÁNICA)

TRADICIONES

n los viejos tiempos, el ritmo de vida en Kalymnos giraba alrededor de la partida y el retorno de la flota de la esponja. Poco después de Pascua, la flota partía y era despedida por todos los habitantes de la isla. Las festividades, a cargo de los sacerdotes, comenzaban con la bendición de los barcos y con la realización de una serie de ritos con agua bendita encaminados a desear un buen viaje a los hombres. La despedida culminaba con una "cena de amor" en la que finalmente se despedían amigos y novios pero también familias enteras.


Kalymnos

El temido retorno de los barcos en otoño era anunciado por el tañido de todas las campanas de la isla. Aunque la pesca de la esponja trajo consigo dinero y la posibilidad de subsistir los duros meses de invierno, el terrible número de accidentes hizo de esta época un periodo de emociones contrapuestas.

De hecho el buceo para la pesca de esponjas estaba -y todavía está- empapado de pasión. Es imposible observar hoy en día una representación de la tradicional "danza de los pescadores de esponjas" sin sentirse profundamente afectado por una mezcla única de orgullo y dolor.

Las canciones de Kalymnos hablan también de la vida y de los sentimientos de los pescadores de esponja. "La esponja o la piel", nos explica un pescador, "nosotros, o pescamos esponjas o morimos". Otra canción famosa, conocida como "Dirladah", se hace eco de las costumbres y expresiones empleadas por los buzos en el curso de su trabajo.

A pesar de la pobreza y las penalidades que han soportado tradicionalmente los habitantes de Kalymnos, siempre han valorado la cultura y la educación por lo que hace muchos años que los niños disponen de acceso a una educación gratuita.

Quizás debido al gran número de víctimas de la "enfermedad de los buzos" existe la tradición de que casi cada familia de Kalymnos cuenta por lo menos con un miembro que ha estudiado medicina. No sólo dispone la isla de un buen hospital y muchos médicos, sino que también pueden encontrarse médicos de Kalymnos tanto en Atenas como en América, Australia y en otros países.

UNA HISTORIA DE INTERÉS HUMANO

alymnos es una isla pequeña con escasos recursos naturales. En el pasado, el único trabajo disponible para la mayoría de los hombres era la pesca de esponjas. La industria de la esponja dictó la economía de Kalymnos y definió su sociedad, tanto como las minas de carbón o los telares de algodón lo hicieron en las sociedades industriales de Europa. Personas con la necesidad desesperada de sobrevivir y de alimentar a su familia compartían un deseo desesperado de trabajar, no importa cuan duras o peligrosas fueran las condiciones.

Hasta mediados de los 60, las condiciones de trabajo de un pescador de esponjas eran dantescas, pues sus posibilidades de volver de una expedición de pesca eran inferiores al 50%. Pero los pescadores se veían impotentes para cambiar el rígido sistema establecido entre los dueños de los barcos y los comerciantes de esponjas.

Cada capitán era propietario de su propio barco y controlaba todos los aspectos de cada salida de pesca, dando empleo a un asistente más una tripulación de ocho a diez buzos. Solían solicitar un préstamo para financiar cada expedición y a su vuelta reembolsaban el préstamo (y tomaban su parte de las ganancias obtenidas) tras la subasta de su lote de esponjas.

Un buzo pescador de esponjas cobraba según el número de esponjas recogidas y ni él ni su familia estaban cubiertas por ningún tipo de seguro. A bordo del barco dormía en cubierta y se alimentaba principalmente de galletas de marinero (pan seco) -que a menudo estaba mohoso después de dos meses- junto con sardinas y aceitunas. El agua de "bebida" se guardaba en barriles de hierro que se oxidaban rápidamente cuando se calentaban bajo el implacable sol. Los buzos intentaban eliminar el óxido del agua sumergiendo esponjas.

El capitán / propietario del barco venía de la misma comunidad -incluso de la misma familia- que los buzos. Durante los meses de invierno todos bebían y convivían, pero una vez comenzaba la estación de pesca, la relación cambiaba. El objetivo de los capitanes era conseguir esponjas de calidad en gran cantidad, y persiguiendo esta meta, muchos se volvían autocráticos e incluso crueles hacia sus buzos, con una flagrante indiferencia hacia su seguridad y bienestar.

De los diez buzos que constituían la tripulación de cada barco al comienzo de una expedición de pesca, tan sólo cuatro o cinco volvían. Aquellos que morían en el mar normalmente eran enterrados en la pequeña isla egipcia de Karavonolissi.

Cuando la flota de la esponja retornaba a Kalymnos después de una de estas expediciones, mientras los comerciantes contaban las esponjas, las mujeres de Kalymnos contaban desesperadamente las caras para ver si sus maridos, hijos y novios habían sobrevivido. Las familias privadas de sustento por un padre muerto o inválido, vivían gracias a las caritativas aportaciones de las otras familias de Kalymnos hasta que el hijo mayor podía participar en una expedición y hacerse cargo de la familia con su salario.

Hoy en día las condiciones son mejores: El método del nargile es mucho más seguro y todos los buzos están asegurados a través de la Organización de Seguridad Naval, de la que reciben una pensión después de haber buceado 15 años. Las leyes griegas que regulan la pesca de la esponja se encargan también del bienestar de los buzos, estipulan el tamaño mínimo de las esponjas para poder ser pescadas y especifican las precauciones que deben tomarse para la protección del medio ambiente. La relación entre el capitán / propietario del barco y los buzos han mejorado, por lo que existe una mejor y más justa distribución del trabajo y de los beneficios.

© Faith Warn 2000

 

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Última modificación: 31 desembre 2012 10:59


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