M@re Nostrum

MURALLA VIVA
por Miquel Pontes

Una versión adaptada de este artículo
ha sido publicada en la revista:
GEO nº 121 (Febrero 1997)

"Un arrecife tal y como se describe aquí es
vagamente conocido en Europa. Es un muro de
Roca de Coral elevándose perpendicularmente
desde el fondo del insondable océano."

Capitán James Cook, 1770


ituémonos en la ciudad de Townsville, Territorio de Queensland, Noreste de Australia: puerta de entrada a las maravillosas islas tropicales y a los increíbles arrecifes de coral que conforman la Gran Barrera. Esta pequeña ciudad de 120.000 habitantes nos permite acceder también a la misteriosa selva del Cabo de York y al polvoriento "outback" australiano, y es que este país, este continente, Australia, nos ofrece una variedad de ambientes poco común.

COMIENZA LA AVENTURA

Nuestro barco zarpa del puerto de Townsville al atardecer, para aprovechar los últimos rayos del sol. Nuestro destino es la Gran Barrera de Arrecifes. De noche, en la cubierta del barco, miro al cielo, que va plagándose de estrellas, y dejo volar mi imaginación en la vastedad del espacio.


Las formaciones de coral típicas
de la Gran Barrera de Arrecifes.

Me pregunto qué deben ver los astronautas en sus increíbles viajes alrededor de la Tierra. Tan sólo aparece una respuesta en mi mente: el Mar. No en vano, llamamos a la Tierra el "Planeta Azul".

Un pensamiento cruza por mi mente: Lo que ellos pueden tan solo admirar desde sus naves, lo puedo vivir yo con todos mis sentidos. Esto me hace sentir muy afortunado, pero también muy pequeño, al comprender la inmensidad de lo que me rodea.

Aprovechamos para iniciar nuestra aventura en un momento en que la estación seca, "The Dry", se cierne sobre la Australia septentrional. La estación húmeda, "The Wet" como me comenta Michelle, una de nuestros guías submarinos, está caracterizada por los monzones que, de noviembre a marzo, complican el acceso a la zona, con frecuentes tormentas tropicales y tifones y, ocasionalmente, algún huracán que arrasa las poblaciones costeras.

Nuestro barco navega cortando las olas a toda máquina, casi se diría que vuela sobre el mar. El rugido de los motores resuena en mi cabeza, el movimiento continuo hace que sea difícil caminar por cubierta, el olor del gasoil y del salitre embota el olfato. Estas nuevas sensaciones, a las que se acostumbra uno al cabo de un tiempo, dan a cualquier viaje una sensación de aventura que nada tiene que envidiar a las de los grandes exploradores, como el Capitán James Cook o el Capitán Matthew Flinders, que tan honda huella dejaron en la región.

LA GRAN BARRERA DE ARRECIFES

La Gran Barrera de Arrecifes es un área inmensa, de más de 2.000 km de longitud, que va desde Gladstone, una polvorienta ciudad minera situada en el Trópico de Capricornio, hasta el extremo Norte del Cabo de York, a pocas millas de Papúa Nueva Guinea.


Un arrecife de coral queda al descubierto en una marea excepcionalmente baja

Contrariamente a lo que parece, estos arrecifes no están tocando a la costa, sino en el límite de la plataforma continental australiana. La Gran Barrera aparece como un conjunto de arrecifes dispersos a 200 km de la costa en el extremo sur y se va acercando paulatinamente a ella conforme navegamos hacia el Norte. Al Norte de la ciudad de Cairns el arrecife se convierte en una barrera casi continua, protegiendo la costa de los embates del Océano Pacífico.

El arrecife está constituido esencialmente por colonias de coral vivo, de múltiples formas y colores, rodeadas de todo tipo de vida tropical. Esculpida durante millones de años por la acción de las olas, los tifones y el crecimiento del coral, la Gran Barrera parece un único organismo, tan grande y tan complejo que desafía a nuestra imaginación.

La Gran Barrera de Coral es, sin duda, la mayor construcción hecha jamás por seres vivientes y de las pocas visibles desde el espacio. Esta inmensa comunidad tiene como ciudadanos a incontables pólipos de coral, unos seres minúsculos que aportan, literalmente, su granito de arena a la construcción de esta maravilla de la Naturaleza.

Millones de años de evolución y adaptación al medio han ido construyendo, capa a capa, generación tras generación, grandes montañas submarinas. Perforaciones realizadas en algunos puntos de la Gran Barrera indican que el espesor del coral es de hasta 500 metros.

Nuestra complicada navegación por la Gran Barrera se efectúa gracias a los adelantos técnicos como el sonar, pero las traicioneras corrientes marinas hacen que Brent, nuestro "skipper", no siempre pueda eludir los peligrosos corales. El barco está perfectamente protegido contra estos incidentes por lo que sale airoso de estos encuentros fortuitos, aunque no podemos evitar que, al oír el golpe del casco contra el arrecife, nuestros corazones salten y nuestras mentes recuerden, por breves momentos, los antiguos naufragios acaecidos en la zona y la desesperada lucha por la vida de los infortunados náufragos.

Uno de los naufragios más me emocionan es el del buque de transporte S.S. Yongala, hundido el 24 de marzo de 1911 con 121 personas a bordo por culpa de un ciclón tropical. El pecio reposa ahora a 30 metros de profundidad y se ha convertido en un santuario dedicado a todos aquellos que descansan en él. La abundancia de vida marina es tal que uno casi se olvida de que el medio marino no es el propio y hay que volver a la superficie al terminarse el aire comprimido de las botellas.

Los arrecifes de coral han representado, desde siempre, una fuente de riqueza y alimento para el hombre. El turismo, que ha ido ganando importancia con los años, proporciona disfrute a millones de personas, en especial a todo aquél que acepte el reto de aventurarse bajo estas aguas cálidas y cristalinas, ya sea con un equipo de submarinismo, o con una simple máscara de buceo.

La belleza de los fondos marinos me cautiva desde el momento en que me sumerjo en estas aguas, pues la visión del arrecife es tan maravillosa que ha cambiado mi idea de la vida y de lo que representamos en este mundo. Lo que desde el aire es azul, verde o marrón, bajo el agua se convierte en una explosión de colores, es realmente indescriptible.

Lynn, una de nuestras guías submarinas, nos va mostrando los seres vivos que, como el peligroso y perfectamente camuflado pez piedra, pueden escapar de la vista de un ojo no entrenado, y es que la lucha por la vida en el arrecife se vale de todas sus armas, modificando tanto el comportamiento como el aspecto de los animales de formas asombrosas.

CONTACTO CON LA GRAN BARRERA

Bajo la brillante luz del omnipresente sol tropical vemos frecuentemente un fenómeno extraño, el agua cambia del intenso color índigo al turquesa claro, y es que estamos en la Gran Barrera. El extraño fenómeno del agua nos indica la presencia de un "bommie", palabra que desciende del término aborigen "bombora", que significa roca sumergida. No es más que un banco de coral que surge de un fondo arenoso y cuya proximidad a la superficie hace que refleje la luz solar, provocando el cambio de color del agua.


Un cayo de coral rodeado de un mar
y un cielo intensamente color azul.

Contrariamente a lo que me había imaginado, la mayor parte de los arrecifes de coral están sumergidos a poca profundidad, y salvo raras veces, con mareas excepcionalmente bajas, nunca pueden verse en la superficie. Es lógico, el coral solo puede vivir bajo el agua.

Los frágiles pólipos de coral son seres acuáticos que no soportan la deshidratación, ni temperaturas ni grados de salinidad fuera de un estrecho margen. Crecen buscando ávidamente la luz, por lo que se acercan todo lo posible a la superficie, incluso compitiendo fieramente entre especies, en una lucha lenta pero continua que nada tiene que envidiar a la de los más feroces depredadores del mundo.

LOS PELIGROS DEL ARRECIFE

La naturaleza cambiante, viva, de los arrecifes hace que las cartas náuticas de la región contengan inscripciones como "Inexplorado. Peligroso para la Navegación". Por ello los barcos que navegan hoy en día por estas aguas cuentan con modernos sistemas de sonar para detectar el traicionero perfil del fondo. En el pasado la mejor protección para no embarrancar en los arrecifes consistía en no acercarse, los que lo hicieron pagaron cara su osadía, como atestiguan los más de 500 naufragios ocurridos en la zona.

Salpicados entre los arrecifes sumergidos aparecen de vez en cuando los islotes o cayos de coral. En un principio, estas afloraciones de tierra eran arrecifes que, con la marea baja, quedaban a veces con la parte superior al descubierto. Con el tiempo, la arena y los restos de corales muertos se acumulaban en la parte superior hasta que un buen día el agua no llegó a cubrirlo. Luego, algunas semillas, traídas por el viento, las corrientes o las aves marinas, germinaron en la arena, dando paso a las plantas que todos reconocemos en las islas tropicales.

Intentar llegar hasta uno de estos cayos de coral es toda una aventura, pues la poca profundidad del agua en las orillas, junto con la engañosa fragilidad del coral ha acabado con muchas embarcaciones. Los esqueletos de coral se comportan como afilados cuchillos de sólida roca que no distinguen un casco de madera de uno de acero y que se muestran implacables con cualquiera que se enfrente a ellos.

Nuestro barco aprovecha los canales que frecuentemente aparecen excavados en el coral por las corrientes marinas. Los últimos metros hasta tierra firme los recorremos en lanchas tipo "Zodiac" que, gracias a su casi inexistente calado, permiten estas aproximaciones para observar el milagro de la vida en unos islotes aparentemente estériles.

LA VIDA EN EL ARRECIFE


La vida de un cayo de coral está formada
principalmente por aves marinas como estos pájaros bobos.

La vida sobre un cayo de coral es escasa, debido a la falta de agua dulce y de lugares de resguardo para los seres vivos. La población típica de un cayo está constituida esencialmente por aves marinas como la fragata, la gaviota, el albatros o el pájaro bobo, al que no debemos confundir con el pingüino, que se encuentra en latitudes mucho más bajas.

También son comunes las tortugas, especialmente en las épocas de desove, así como los cangrejos ermitaños que, como los basureros de una ciudad, mantienen el ecosistema libre de restos orgánicos. En algunas islas se encuentran reptiles y en muy pocas se encuentran algunos mamíferos, destacando algunos murciélagos, que subsisten a base de frutas silvestres.

Pero es bajo la superficie de las aguas donde encontramos gran cantidad de vida, donde se extiende la jungla de coral, donde impera la ley del más fuerte: "comer o ser comido". Cada rincón o grieta del arrecife alberga incontables peligros para sus habitantes, desde las anémonas urticantes, pasando por las peligrosas fauces de las morenas y acabando en el temido tiburón, especialmente abundantes en este medio lleno de vida.

Es en la Gran Barrera de Arrecifes donde realizo mis primeras inmersiones con tiburones. Nadar entre estos magníficos escualos produce multitud de sensaciones, las cuales van desde la admiración por su perfección fisiológica hasta el miedo de saber que uno ya no está en la cima de la pirámide alimentaria. También se comprende en estos momentos que los tiburones no atacan sin un motivo, "cualidad" reservada tan sólo al ser humano.

Podemos considerar también el arrecife como una selva, por la abundancia de vida, en todo tipo de formas y colores, desde los sencillos pero vistosos nudibranquios (babosas marinas) hasta los variados peces de colores.


Un pez payaso con su anémona son
una de las más famosas parejas submarinas.

Como en toda comunidad biológica se producen asociaciones de todo tipo entre los organismos vivos. A veces las relaciones son simbióticas, destacan singulares parejas como el pez payaso y las anémonas, las morenas con los camarones o los blenios limpiadores con los meros. Otras veces las relaciones son parásitas, como las de algunos crustáceos con los meros, por ejemplo.

Desde el punto de vista científico, tal vez los arrecifes, con su inacabable variedad de formas vivientes, nos ayuden a entender un poco más el hecho de la vida en si. Los seres vivos del arrecife se han mostrado una fuente inacabable de substancias de importante valor farmacológico en todos los ámbitos de la medicina, como la lucha contra el cáncer o la artritis.

Quizás los arrecifes sean más importantes para nosotros en el ámbito espiritual que en el económico. Constituyen en si mismos una lección viva sobre la Naturaleza, en la cual podemos introducirnos y volver a experimentar la admiración y el entusiasmo por la vida que teníamos cuando éramos niños.

La Gran Barrera de Arrecifes es un lugar único. Constituye una de las comunidades más antiguas y ricas de nuestro planeta. En ningún otro sitio puede hallarse tal variedad de especies en convivencia. Es el tesoro más preciado de la Naturaleza por su forma, color y variedad, imposible de imaginar si no lo pudiéramos comprobar con nuestros propios ojos.

Se calcula que el 70 por cien de los arrecifes del planeta están en serio peligro debido a la contaminación del agua, la explotación no controlada de los recursos marinos y la presión humana.

Su destino está en nuestras manos y es nuestro deber preservarlos para que futuras generaciones puedan observarlos y disfrutarlos como todavía lo podemos hacer nosotros.

 

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Última modificación: 01 de gener 2016 10:00


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