M@re Nostrum

AQABA '94
La perla del Mar Rojo
por Miquel Pontes

principios del mes de Noviembre de 1994, un grupo de tres amigos, submarinistas del club de inmersión ACUSUB de Barcelona, efectuamos un viaje a la ciudad de Aqaba, en el sur de Jordania, donde nos sumergimos en las cálidas y cristalinas aguas del Mar Rojo.

Para realizar el viaje nos pusimos en contacto con el Dive Club Nautique, de Almuñecar (Granada, España), ya que organizaban el viaje en las fechas que nos interesaban y con unos precios muy interesantes.

Viajamos en el vuelo de la Royal Jordanian, que sale desde Madrid un par de veces a la semana hacia Amman, la capital de Jordania. En el trayecto se invierten unas seis horas y media: una hora y media hasta Ginebra y unas cinco hasta Amman. Una vez en Amman, hay que coger otro avión hasta Aqaba, en un trayecto de unos 45 minutos.

Para entrar en Jordania tan sólo es necesario el pasaporte en vigor, sin visados de Israel. El visado de entrada se consigue en el propio aeropuerto al aterrizar, si bien los grupos de más de 5 personas pueden obtener un visado de grupo con anterioridad al viaje.

La temperatura en la costa, en Noviembre, es ideal, pues durante el día no sobrepasa los 25 o 26 grados, y durante la noche no baja de los 18 grados. El clima es completamente despejado por norma, y es que el desierto no está muy lejos. En verano la temperatura no es tan apacible.

La temperatura del agua varía según la zona, pero no baja de los 22 grados, con una máxima de unos 28 grados -según nuestros ordenadores-, y esto a pesar de que estamos en Noviembre. ¿Recordáis a qué temperatura está nuestro querido Mediterráneo en estas fechas ?

En este viaje nos alojamos en el hotel Aquamarina I, situado en la misma playa de Aqaba, el cual es un hotel de tres estrellas, con un servicio correcto, si bien a nuestro parecer los árabes nunca tienen prisa. El hotel dispone de un bar con piscina y un restaurante-espectáculo en el que, de noche, hay actuaciones en directo. En él podemos probar platos típicos jordanos, generalmente a base de cordero y pollo. Además, los postres son excelentes.

El hotel dispone de un centro de buceo propio, que está cualificado como de los mejores de la zona, con barcos propios e instructores PADI y BSAC. Hay un servicio de alquiler de material de inmersión, aunque nosotros no lo utilizamos pues llevábamos nuestro propio material. Los títulos CMAS no supusieron ningún problema, pero en las primeras inmersiones, los instructores no nos quitaron el ojo de encima hasta ver que tal lo hacíamos.

Las inmersiones se efectuaron principalmente en los arrecifes de coral situados a poca distancia de la costa, generalmente a menos de 100 metros, e incluso efectuamos una salida desde la playa.

Las profundidades que alcanzamos no son grandes pues, aunque podemos bajar lo que deseemos, la vida está situada en los primeros 30 metros de profundidad. En las inmersiones nocturnas nos limitarán a 15 metros, por aquello de estar en un medio un poco desconcertante.

La duración de las inmersiones depende del consumo de cada cual, pero como la profundidad a la que bajábamos era escasa, nunca era menor de 45 minutos.

El primer día. El "Cedar Pride"

El primer día de inmersión lo comenzamos a las 9 de la mañana, comprobando cuántos plomos necesitaríamos, pues debido a la temperatura del agua, ninguno de nosotros llevaba el traje completo, lo que altera nuestra flotabilidad, y es que nuestros trajes son demasiado gruesos para estas aguas.

Las botellas que nos dan, -incluídas en el precio de la inmersión- son de 12 litros de aluminio. Pesan mucho menos que las nuestras de acero de 18 litros, y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de calcular los plomos. Tenemos a nuestra disposición dos botellas por persona, lo que nos permite efectuar dos inmersiones sucesivas antes de volver al hotel a mediodía.

Inmediatamente tomamos contacto con la exuberante fauna tropical. Por estar Aqaba al Norte del Mar Rojo, no veremos durante todo el viaje peces grandes, pero si multitud de vida en forma de corales, algas, anémonas y una enorme variedad de peces pequeños, peces payaso, peces globo, peces escorpión, peces angel y ballesta, etc.

Pudimos observar algún "napoleón", pez característico del Mar Rojo, pero no del tamaño que se observan más al Sur. Tomamos abundantes fotos.

Visitamos un barco hundido, el "Cedar Pride", un carguero libanés de unos 100 metros de eslora y unos 15 de manga, que se incendió en el puerto de Aqaba, y decidieron hundirlo para disfrute de los submarinistas. El barco está tumbado sobre uno de sus costados sobre un fondo lleno de corales a unos 27 o 30 metros.
Su otro costado se alza hasta unos 15 metros de superficie, por lo que nada más entrar en el agua, podemos admirar el magnífico espectáculo.

El interior se halla bastante despejado, por lo que es una delicia introducirse en sus bodegas para salir por una cubierta y efectuar otras piruetas por el estilo. La única "decepción" es que, como el barco está hundido hace poco, aún no hay demasiada fauna residente en él, lo cual queda contrarrestado por la presencia de la gran hélice, los ojos de buey y el puente, que están poco dañados.

Del comercio y la gastronomía

Despues de un día de inmersión, nada mejor que una buena comida árabe, cordero con arroz, ensalada de pepino, tomate, queso fresco, pollo, etc. Después de la comida, -en la que no se toma alcohol, ya que estamos en un país árabe- los fumadores pueden optar por la "argill" que no es otra cosa que una pipa de agua, acompañada de un té o, si se está en un restaurante para turistas, alguna copa con alcohol. Por la tarde puede optarse por hacer turismo o bien ir de compras por la ciudad. En la calle principal se sitúan la mayor parte de los bazares y tiendas.

Los jordanos son, en general, gente simpática y afable, y en varios comercios, antes de entrar en la negociación para la compra de un objeto, se nos invita a una taza de té a la menta o a la canela, mientras el vendedor nos efectúa un pequeño interrogatorio: "...de donde eres...", "...cuánto hace que has llegado..." y cosas así.

No hay ningún problema para entenderse con los vendedores en inglés, y la mayoría hablan un poco de italiano. Después de las "presentaciones" empieza el interminable regateo, incluso por las cosas más banales, si bien no alcanza los niveles de otros paises árabes.

La moneda nacional es el Dínar (equivalente a unas 200 Pts.) y se divide a su vez en 1000 fils. De todas formas, en todo el país se puede pagar en dólares americanos, (al cambio de un dólar y medio por dinar). Si se es hábil, jugar con este punto puede afinar aún más el regateo.

El segundo día. Gorgonia I

En el segundo día de inmersión pudimos ver, entre otros habitantes de arrecife destacables, una gorgonia gigante, pariente cercano de los corales, que no es otra cosa que un abanico de 3 metros de diámetro situado a 15 metros de profundidad, realmente espectacular. Todo el fondo alrededor de este lugar denominado, como no, "Gorgonia I", estaba cubierto de corales, blandos y duros, con gran abundancia de peces de colores.

Entre ellos destaca por su vistosidad el "pez león", también conocido como "pez pavo" o "pez escorpión", muy abundante en la zona, el cual es venenoso. También destaca el pez globo o "puffer" el cual, al ser molestado se hincha de agua, como un globo (de ahí su nombre), aunque erizado de púas. Hay que tener cuidado con la boca, tiene dientes capaces de triturar conchas y corales, así que imaginaros que haría con un dedo.

El tercer día. Aquarium. El naufragio

El día siguiente, el tercero de inmersión, empezó como otro cualquiera, nos llevaron a un lugar muy espectacular llamado "Aquarium", destacable por la cantidad de peces grandes que viven allí, aunque no vimos tantos como deseábamos.

Apenas habíamos saltado tres de nosotros al agua, el cabo de la boya fija a la que estabamos atados se partió, haciendo que el oleaje empujase inexorablemente el barco hacia el arrecife hasta que encalló, partiéndose las palas de ambas hélices y dañando el casco. Casi todos los compañeros saltaron del barco para ayudar a los que ya estábamos en el agua, para intentar sacarlo tirando de sendos cabos, pero todo fué inútil, el barco cada vez estaba más atascado. Además, los que no llevaban las aletas puestas, sufrieron las púas de erizo.

Tras una llamada por radio acudió una cañonera saudí, desde la cual lanzaron un cabo que permitió desencallar nuestro barco y remolcarlo a puerto. Nosotros nos quedamos en la playa, sin embargo, y pudimos realizar una de las dos inmersiones que pretendíamos hacer aquí. Pudimos ver peces trompeta, peces león, peces globo muy grandes y varias morenas pequeñas pero muy vistosas.

Volvimos al hotel en unas furgonetas que enviaron a buscarnos, que son las que se emplean cuando se hacen inmersiones desde la playa.

Wadi Rum

Por la tarde, después de tomar un rápido almuerzo, tomamos un autobús para efectuar una salida organizada al desierto de Jordania, el Wadi Rum, adonde llegamos tras unos 50 km. de autobús por carretera y 20 Km. de desierto en Jeep. Vimos una puesta de sol como hay pocas, en un paraje desértico rodeado de montañas.

Una vez puesto el sol, de la mano del guia árabe, fuimos a ver un "siq", depósitos naturales de agua, situados en las rocas, que son uno de los recursos más importantes para los beduinos del desierto. Vimos las inscripciones antiguas talladas en las rocas.

El cuarto dia. Pharoah Island (Sinai)
Inmersión nocturna

Al día siguiente tomamos el barco un poco antes, para visitar, por dentro y por fuera del agua, la ciudadela de Saladino, situada en la costa de la península del Sinai (Egipto). Como teníamos que cruzar la frontera egipcia, antes de zarpar nos sometimos a un control de aduanas, en el que un oficial egipcio registró nuestro equipo de buceo, tanto al salir como al volver.

Este día la inmersión tuvo una visibilidad de tan sólo unos 6 metros, extraordinariamente baja, teniendo en cuenta dónde nos hallábamos. La temperatura del agua, unos 24 grados, nos animó a efectuar la inmersión de todas formas. Aquí, en la Isla de los Faraones, a los pies de una pequña fortaleza, vimos los peces más grandes del viaje, varios "napoleón" entre ellos. También tuvimos la ocasión de observar grandes cantidades de "coral de fuego", tan famoso como urticante, a pesar de su inofensivo aspecto, rozarlo puede traernos consecuencias durante semanas.

Al volver, y pese a tener un cielo completamente despejado, encontramos un mar muy revuelto por culpa del viento, lo que provocó olas que pasaban por encima de la embarcación. Fueron unos momentos de cierto nerviosismo para todos, pues la embarcación no estaba preparada para afrontar un temporal, y no sabíamos si iba a empeorar. Hubo quien se puso el "jacket" hinchado por si acaso.

Por la noche hicimos una inmersión nocturna, más interesante que las demás por el simple hecho de que en España son ilegales. De hecho, tenía que acompañarnos un soldado jordano cuando salíamos en barco por la noche, para poder responder de nosotros si nos paraban las cañoneras de los guardacostas.

De hecho, este día tardamos demasiado en pararnos una vez se nos dió el alto, hecho que constatamos cuando se separaron los barcos tras dar la contraseña, pues pudimos observar cómo volvian a cubrir las ametralladoras de cubierta. Está claro que no se arriesgan, y es que el Golfo de Aqaba es la frontera entre Egipto, Israel, Jordania y Arabia Saudí.

Esta noche nos sumergimos en la Power Station, un bello lugar, pese a estar situado dentro del propio puerto de Aqaba. El espectáculo de luces bajo el agua es increíble, os recomiendo que lo probéis alguna vez. Bajo el barco, para facilitar nuestra vuelta, colgaron una lámpara de destellos sumergible.

Los animales suelen salir de noche a comer, en especial, los corales, con sus vistosos colores, son increíbles. También tenemos la oportunidad de observar peces normalmente esquivos, dormidos profundamente, mientras que otros los podemos ver mucho más activos, como los peces león, o los peces globo, que se alimentan de noche principalmente, ya que de día se esconden en las piedras

Quinto día. Petra. Segunda inmersión
nocturna: Aquarium

Esta es una de las visitas obligadas si váis a Jordania, o incluso a Oriente Medio en general. Tendréis la oportunidad de visitar las ruinas de lo que un día fué la capital de los Nabateos, una antigua tribu beduina que fundó un imperio comercial.

Este imperio, contemporáneo del romano, controlaba el 25% del comercio de Roma, pues estaba situado en un punto estratégico, al final de la ruta de caravanas de Oriente, ¿os suena la ruta de la seda ?, cerca de Persia, Egipto y cómo no, Grecia y Roma.

Su situación geográfica permitió que la capital, Petra, protegida por las montañas en las que se haya excavada, resistiese varias invasiones, hasta que cayó finalmente en manos romanas en el 350 D.C. aproximadamente, quitándose así de en medio a un intermediario poderoso.

La ciudad se halla situada a unos 160 Km. al Norte de Aqaba, recorrido que efectuamos en autobús en un par de horas. Accedimos a la ciudad antigua montados a caballo, pues el acceso se hace a través de un "siq" un cañón excavado en la piedra, que es demasiado estrecho para que pase un coche. Al final de este siq aparece ante nosotros, casi inesperadamente, majestuoso, el templo que allí denominan Khazneh.

Conviene quedar con el guía en la forma de pago de la propina, que es conveniente abonar al final, -"When you come back"-, o puede que volváis caminando. Esperan recibir al menos 5 dólares, y son suficientemente expresivos si no los reciben. Tened en cuenta que es una zona pobre del país.

Llegamos a una gran explanada donde se encuentra el templo que todos habréis visto en fotos, el "Khazneh". Por su buen estado de conservación, parece mentira que tenga 2.000 años. Fué la tumba de un rey antiguo, pero posteriormente lo convirtieron en un templo. Los dibujos, parecidos a "aguas", que hace la piedra arenisca en que está tallada toda la ciudad son muy bonitos. Hay composiciones de colores de todas las gamas de marrón, rojo, amarillo, incluso azul el algunas zonas de la ciudad.

Vimos también un teatro de diseño romano que, como toda la ciudad, se halla excavado en la piedra, algo maltrecho por efecto de un terremoto. Además tuvimos la oportunidad de visitar otros templos situados en el centro de Petra. Hay que tener en cuenta que la mitad de la ciudad esta enterrada por efecto de las riadas que llenaron de barro y piedras la parte inferior. Las zonas expuestas al Este están casi intactas, mientras que las demás están muy erosionadas.

A lo largo de todo el camino vemos pequeños puestecillos, en los que la población local vende botellas llenas de capas superpuestas de arena multicolor, lo que constituye uno de los "souvenirs" más comunes. Tienen bastante éxito en los que la arena está dispuesta de forma que se lee el nombre del turista. También abundan los que venden piedras del lugar. De hecho es motivo de chiste que los jordanos son de los pocos que consiguen vender arena a los turistas a buen precio.

Por la noche efectuamos la segunda inmersión nocturna y la última del viaje para nosotros, aunque hubo quien prolongó la estancia cuatro días más. Esta inmersión la realizamos en Aquarium, donde nuestro barco embarrancó dos días atrás. Esta vez, como teníamos que coger el vuelo al día siguiente por la mañana, limitamos la inmersión a 12 metros y 40 minutos.

El viaje estuvo plagado de pequeñas anécdotas, de las cuales ya os hemos contado algunas de las más sobresalientes, y sólo por ellas el viaje dejó de ser un simple viaje de buceo para convertirse en algo más, que nos unió un poco más a todos, y nos permite ver la vida desde otro punto de vista.

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:40


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