M@re Nostrum

El Finning
o la crónica de una extinción
por Àlex Bartolí - Biólogo

Traducción de Miquel Pontes

nas 470 especies de tiburones y unas 650 especies de rayas se clasifican dentro del grupo de los elasmobranquios, peces de esqueleto cartilaginoso caracterizados por tener entre 5 y 7 hendiduras branquiales abiertas al exterior, es decir, no cubiertas con una tapa u opérculo, como en los peces óseos.

Los tiburones habitan los océanos del planeta desde hace unos 400 millones de años y han convivido con el ser humano no industrializado durante miles de años. Nuestros antepasados, con sus sistemas artesanos de pesca, lograban conseguir el equilibrio necesario entre el depredador (el hombre) y la presa (el tiburón).

Por desgracia, con la industrialización del sector pesquero, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, se inició un importante desequilibrio entre la extracción de recursos y su renovación natural y se rompió así la sostenibilidad que proporcionaban los sistemas artesanos de pesca.

Hoy en día unas 275 especias de tiburones y casi 100 especias de rayas se encuentran a la lista roja de las especias amenazadas de extinción, que recoge el informe de la IUCN (Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza).

AMENAZAS


La muerte del tiburón sin aletas
es lenta y cruel
Foto de Kanchai Taechawanwakin

Muchas son las amenazas que están haciendo disminuir de manera alarmante el número de tiburones que nadan en nuestros mares y océanos. Factores como la contaminación, la destrucción de hábitats, la falta de alimento provocada por la sobreexplotación pesquera, la pesca comercial, las capturas incidentales y la pesca deportiva, están provocando la desaparición de muchas de las poblaciones de estos animales. Incluso los métodos pasivos como las redes antitiburones para la protección de bañistas que están instaladas en las playas de algunos países como Australia y Sudáfrica están provocando la muerte de millones de tiburones cada año.

Además, hay que tener en cuenta que las propias características biológicas de los tiburones, con una baja tasa natural de incremento de la población, pues son animales de crecimiento lento y con un largo periodo de maduración sexual (que dura hasta 20 años en algunas especies), largos períodos de gestación, pocas crías y tiempo elevado entre generaciones. Estas características son la causa de una muy baja capacidad natural de respuesta y recuperación a estas agresiones siendo, por lo tanto, insostenibles los niveles actuales de mortalidad.

A todos estos problemas de conservación, hay que añadir también la creciente demanda que, desde hace años, ha tenido la comercialización de las aletas de tiburón en el mercado occidental. Productos como la sopa de aleta de tiburón enlatada, las aletas secas o el cartílago seco y procesado (sin carne ni piel) son los más importantes en cuanto a los nuevos hábitos de consumo. Eso, ha provocado un aumento en la demanda de estos productos y, en consecuencia, la aparición de malas prácticas pesqueras como el finning.

EL FINNING

El finning (de la palabra inglesa fin = aleta) consiste en cortar solo las aletas de los tiburones y lanzar el resto del animal al mar. Como que la comercialización de las aletas es mucho más rentable económicamente, el resto del animal ni se embarca ni se aprovecha y, de esta manera, las bodegas de los barcos tienen más espacio para acumular más cantidad de aletas. La cantidad de tiburones capturados para llenar una de estas bodegas es mucho mayor que si se tuviera que llenar las bodegas con el animal entero. Así, decenas de millones de tiburones mueren anualmente a causa de esta práctica.


Finning después de un concurso de pesca,
solo se aprovechó la dentadura y las
aletas de un animal de 200 Kg de peso.
Foto de Bimini Biological Field Station

Independientemente de la brutalidad y crueldad de la acción, ya que normalmente el tiburón aún está vivo cuando se le retorna al agua, donde su único futuro consiste en morir agonizando lentamente en el fondo del mar, hay que añadir que esta práctica provoca un gran despilfarro de proteínas y de otros productos derivados de los tiburones porque tan solo supone el aprovechamiento de entre un 2-5% del animal. De esta manera se impide el procesado y el aprovechamiento del resto del tiburón en la costa, con la consiguiente amenaza para el desarrollo alimentario y socioeconómico de zonas costeras de muchos países pobres implicados en el problema.

No podemos olvidar, ya que es capital, las peligrosas e imprevisibles consecuencias que la eliminación de un gran número de depredadores del último escalón de la cadena trófica puede tener en el equilibrio de gran cantidad de ecosistemas y, por lo tanto, también sobre otras especies de interés comercial.

Además, la práctica del finning impide la recolección de datos de carácter científico sobre las capturas. Así, saber datos como qué especies se están capturando, en qué cantidad y con qué artes de pesca o conocer datos biológicos, como la situación y profundidad de las capturas, para establecer patrones de distribución, se vuelven imprescindibles para poder desarrollar planes de conservación y de ordenación de las pesquerías comerciales. Hay que decir que el desarrollo de estos planes es una cosa urgente y absolutamente necesaria por la situación actual de muchas poblaciones de tiburones ya que algunas se han reducido hasta en un 80-90% en los últimos años.

LA SOPA DE ALETA DE TIBURÓN

El consumo de sopa de aleta de tiburón en Oriente ha tenido, históricamente, un importante contenido cultural asociado a diversos rituales de tipo social y religioso. Con todo, actualmente, la sopa de aleta de tiburón se ha convertido en un lujo culinario que da un toque exótico a los consumidores del primer mundo. Esto ha provocado que, por ejemplo, en Hong Kong, se lleguen a pagar 100 € por un plato de sopa, mientras a la India un pescador gana unos 12€ / Kg de aleta de tiburón. Hay que explicar que para hacer un plato de sopa para cuatro comensales se usan, aproximadamente, unos 50 gramos de aleta de tiburón seca.

Esta multiplicación del precio de venta en relación al coste de la materia prima provoca una presión añadida sobre el pescador por parte del sector de la restauración, incentivándose cada vez más las prácticas ilegales en relación al comercio de aletas. En este apartado, hay que añadir que esto también incentiva la práctica del finning en las capturas incidentales que se dan en pesquerías que no tienen como objeto final la captura del tiburón, como lo demuestra el hecho de que una gran parte de esta práctica se dé en estas circunstancias.

Entre el 50-80% del comercio mundial de aletas de tiburón se realiza a través de Hong Kong y es, conjuntamente con de otros países asiáticos como Indonesia, Singapur, Surinam o China, uno de los lugares donde se realiza la manufactura de los productos derivados de las aletas. En los últimos años, sin embargo, el mercado de importaciones que ha realizado Hong Kong ha estado dominado por Europa, Taiwán, Indonesia, Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos de América, Yemen, India, Japón y México, tal y como consta en sus propios registros.

En Europa, el mayor importador de aletas de tiburón es Francia que, conjuntamente con Holanda, son los distribuidores más importantes para Europa. Dentro de este mercado, España actúa simultáneamente como importador y exportador; por ejemplo, entre los años 1994 y 1995 importó 1.960 Tm de aleta seca y exportó 730 Tm. Hay que recordar que España, según datos de la FAO del año 2000, era el segundo país del mundo en número de capturas de tiburones con 77.269 toneladas (FAO fishstat).

HAY QUE ENCONTRAR UNA SOLUCIÓN AL PROBLEMA


Aletas de tiburón confiscades en Palau

Los hechos nos dicen que éste es un problema que se debe atacar de manera global y rápida ya que, sino, no llegaremos a tiempo. Es absolutamente necesaria y urgente una regulación de todas las pesquerías de tiburón y la eliminación de prácticas como el finning. Hay que promover sistemas de gestión de la pesca que tengan en cuenta la renovación natural de las especies y que promuevan el máximo aprovechamiento de las capturas.

En esta dirección trabajan las organizaciones internacionales como la IUCN, TRAFFIC, WWF o la FAO que, desde 1999, intentan implantar el Plan Internacional de Conservación y Ordenación de los Tiburones (IPOA-Sharks, FAO) en todos aquellos países implicados en la pesca del tiburón. Este plan, tiene como objetivo asegurar la conservación y ordenación de los tiburones y garantizar su aprovechamiento sostenible a largo plazo, a partir de una serie de medidas de gestión, que cada estado desarrollará siguiendo las recomendaciones de la FAO. Desafortunadamente, como la aplicación de este Plan es de carácter voluntario, muy pocos países la han seguido.

Hay que decir también que varios países empiezan a tomar algunas iniciativas para minimizar el impacto de esta tipo de prácticas. Así, dentro el reglamento de la Unión Europea, desde el 2003 se incluye una normativa que prohíbe la práctica del finning en aguas de la Unión y, fuera de estas, lo prohíbe para cualquiera barco que lleve bandera comunitaria (Reglamento CE Nº 1185/2003 del 26/06/2003). Otros países implicados en la pesca del tiburón como Brasil, Sudáfrica, Estados Unidos, Costa Rica, Omán o Australia también están preparando o aplicando prohibiciones específicas sobre el finning.

Con todo, el problema principal de esta práctica no reside únicamente en la existencia o no de legislación, sino en su cumplimiento. Costa Rica, por ejemplo, uno de los pocos países que incluye específicamente en su legislación la prohibición de la práctica del finning, es uno de los países que más cantidad de aletas exportan y en donde es más flagrante el incumplimiento y la laxitud sobre la propia legislación, ya que toneladas de aletas son descargadas sin control alguno en los muelles privados de Puntarenas por barcos taiwaneses, hecho que incumple, además, la legislación internacional de aduanas.

Los mares y océanos de nuestro planeta contienen la inmensa mayoría de la biomasa disponible de la que depende su alimentación de miles de millones de personas en todo el mundo. Más de la mitad de la población mundial vive en zonas costeras y, por tanto, el impacto que la actividad humana causa sobre el medio va en las dos direcciones. Debemos ser capaces de entender que, nos guste o no, formamos parte de una compleja red. Romper el equilibrio comprometerá nuestro propio bienestar a largo plazo o, quizá, nuestra propia supervivencia. No olvidemos que el ritmo actual de extinción de especies es tremendamente superior al ritmo natural y los humanos no podemos eludir nuestra responsabilidad.

La realidad del finning
Fotos de Dirk Froebel
www.dirk-froebel.de

© Àlex Bartolí - Biólogo - CRAM
© Traducción de Miquel Pontes 2005

 

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Última modificación: 01 de gener 2016 09:56


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