M@re Nostrum

No perdáis los papeles...
por Carlos Gómez

intaba levante aquella mañana aunque la brisa de las 8:00 h. tenía cierta tendencia a caer del Oeste, así que decidimos dirigirnos a una zona resguardada de los vientos y corrientes del este. Tras unos veinte minutos habíamos llegado a la playa del Corralete, en pleno Parque Natural Cabo de Gata - Níjar, al amparo del propio Cabo de Gata.

Los accesos estaban horribles por las recientes lluvias que habían producido salidas de la mayoría de las ramblas de Almería. Una vez sobre el monte, alejados a unos 200 m. de la playa nos apeamos del coche y comenzamos a observar la mar desde un sitio privilegiado en las alturas.

Después de un rato y un poquito de cachondeo decidimos realizar la inmersión en tan bonito sitio, aunque sus fondos no son ricos en roca si lo son en cantidad y tipología de animales marinos, debido a su cercanía a una Zona A del parque natural (zona donde no se permite ni navegación ni ningún tipo de inmersiones o actividades acuáticas). Además para conseguir una inmersión divertida y visualizar fauna interesante no hace falta llegar a más de 12 m. de profundidad (fondos bajos pero bonitos).

Tras los 15 minutos de rigor que todos utilizamos para calzarnos el neopreno y los distintos atalajes decidimos comenzar nuestra aventura hasta la playa por las escabrosas laderas del monte que habíamos coronado con el coche.

Ahí comenzaba nuestra odisea; conforme nos aproximábamos a la orilla íbamos imaginando las caras de las morenas, congrios, meros, abadejos y demás población submarina al enchufarles las linternas desde la boca de sus cuevas o al cruzárnoslos por los arenales. Nos comenzaba a urgir el O.K. final. Pero el camino se hacía difícil con los innumerables kilos (siempre se tiende a exagerar) a la espalda por aquellos pedregales, cuencas de ramblas, etc.

A la lejanía se veía a unos pescadores en plena Zona A pescando cuan inocentes niños chicos que desconocían la prohibición de este acto contra el Parque. Cuando ya llegábamos denotamos cierta presencia en la playa... Caramba unos hippies durmiendo en la arena...

Tras las últimas comprobaciones nos metimos en la orilla, el agua estaba clara y divina, gozábamos como chiros en el barro mientras flotábamos al son de los pequeños lomos de las olas que nos mecían. Javier (el boyero) se intentaba desliar de la boya (siempre forma un tango que ni Julio Iglesias).

Una vez listos nos reunimos en corro para darnos el O.K. y descender, yo miraba a la playa, de repente.......Un Nissan Patrol verde y blanco de la autoridad (Guardia Civil) rompe con el paisaje y se detienen en mitad de la arena. La famosa pareja desciende del vehículo, entonces recordé tantas historias de la posguerra de aquellos dúos del tricornio.

De repente uno de ellos nos realizó un gesto tal como el que realizaba aquel famoso General Caster cuando ordenaba a sus jinetes cargar contra los poblados indios, sí ese gesto utilizado por los entrenadores de fútbol cuando quieren que su equipo se abalance sobre la portería rival...

Nos quería decir claramente que abandonáramos el estado de éxtasis en el que nos encontrábamos para atender sus palabras (¡ya que teníamos el agua del interior del traje tan calentita como una estufa en invierno!). Dudé por un momento pero el ... ¡Arto a la Guardia Siví Españoula!... era claro y conciso; y no quería problemas con la autoridad de las autoridades, así que me propuse salir, despacio por si se arrepentían pero salir al fin y al cabo.

Una vez fuera y dados los buenos días reglamentarios junto con el gesto del saludo militar, ese que simula una golpe de Katana en el antiguo Japón, más parecido a un golpe de Kung-Fú que un saludo, el agradable personaje nos preguntó si teníamos los papeles (como la canción: che che, che documentación, che che, los papeles de inmersión).

Al momento reaccioné y procedí a mirar mi coche a la lejanía, se me quitaron las ganas de bucear hasta en la bañera por un momento...¡Que put..., con lo lejos que está!. Comencé a explicarle que los documentos acreditativos tales como título, licencia federativa, seguro, permiso del parque, etc., no suelen llevarse bajo el agua (suele ser difícil secarlos después), y que estaban en el coche. Ni corto ni perezoso el gendarme me rogó (eso sí de muy buenas maneras) que nos dirigiéramos al lejano coche para ver dichos papeles.

Vuelta a empezar y encima chorreando de agua. Deje los aperos bien guardados por mis compañeros en la orilla mientras me dirigía monte arriba en dirección a mi automóvil con el caballero, solo dios sabe lo que disfruté mientras oía su entrecortada y cansina respiración mientras subíamos el monte del olimpo.

Una vez arriba, los pies rotos aún con los escarpines y los dos escupitajos de rigor para intentar disimular el cansancio. Abrí el coche y tras ponerlo todo perdido le entregué la tan ansiada documentación. Ahí fue cuando peor lo pasé al ver como observaba la página donde los usuarios ponen esas cosas como cámara hiperbárica más cercana, etc., sí aquella que no sirve para nada. Yo le dije que si quería ver el permiso del parque natural y me dijo que no era necesario. ¡Bendito sea Dios!, si ahora lo importante no sirve para nada....

Una vez finalizada la inspección jodiente y rutinaria, vuelta a cerrar el coche a bajar por el rompe-crismas aquel y vuelta a colocarme todos los pesados aperos y atalajes. Y vuelta a esperar que el boyero se aclare con el cabo de la boya.

Después realizamos una inmersión preciosa y casi perfecta, muy divertida y educativa. Al terminar nos vestimos y nos dirigimos a un Bar a mojar la inmersión como siempre hacemos. Y a que no sabéis quienes estaban allí.... ¡encima a pagarles las birras...!

Ya en otra situación les preguntamos que por que a nosotros nos habían hecho salir del agua y a los pescadores que estaban cometiendo un delito no les habían ni saludado.....Su respuesta... Por que para llegar a donde estaban los pescadores había que mojarse los pies.

Con este relato no trato de realizar revoluciones, ni de dar a conocer las terribles injusticias que existen en el mundo, solo trato de contar una historia verídica y divertida que me ocurrió en una de mis inmersiones. MORALEJA: Si ves a lo lejos el Todoterreno de la benemérita sumérgete antes de que se bajen del coche.

De veras que me encantan que me pidan los papeles y permisos, ya que los tengo, pero me fastidia que me reclamaran dicha documentación cuando estaba ya en el agua y que a aquellos que realmente estaban cometiendo un delito ni siquiera los miraran por que eran asiduos y ya los conocían, aparte de tener que mojarse esas botas de piel tan bonitas y relucientes.

Siento haberos aburrido con mi relato pero podíais haber dejado de leerlo...

© Texto: Carlos Gómez

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:03


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