M@re Nostrum

¿Por qué no enseño a bucear a menores de 18 años?
Por Larry “Harris” Taylor
Traducción y adaptación de Miquel Pontes

Artículo original "Why I Do NOT Train Kids" en http://www.mindspring.com/~divegeek/articles.htm

uisiera pedir al lector que se fijara en el título de este artículo: por qué yo, como instructor independiente, he decidido no entrenar a personas menores de 18 años.

Cada vez que vamos a bucear, participamos en un deporte que es una amenaza potencial para nuestra vida. Así pues, todas las actividades relacionadas con el buceo deben basarse en un análisis de riesgos y beneficios, es decir ¿qué riesgos justifican los beneficios de esta actividad? Cada uno de nosotros, debido a diferentes factores genéticos y ambientales, opinará sobre esta ecuación de forma diferente. Incluso si estos factores fueran iguales, cada persona de la sala lo analizaría de diferente forma.

No es mi intención hacer que todos compartan mi punto de vista, sino que analicen los riesgos de las actividades relacionadas con el buceo, en el entendido que el beneficio nunca es infinito porque el riesgo nunca es cero.

LOS NIÑOS

Una vez un psiquiatra infantil me comentó, "ahí fuera hay un país lleno de gente pequeña que no son como nosotros. Los niños no actúan, ni piensan, ni se emocionan, ni responden, ni juegan como los adultos".

No pensamos en las orugas como en mariposas pequeñas, entonces ¿por qué pensamos en los niños como adultos pequeños? Sí, las orugas son diferentes de los niños; los niños están varios niveles por encima de las orugas dentro de la cadena alimenticia y, por eso, tardan mucho más tiempo en desarrollarse.

¿Niños maduros? La negación del riesgo

El concepto de un niño física, mental, y psicológicamente maduro es, en el mejor de los casos, una falacia. La industria se engaña a si misma y lo acepta, pensando más en términos económicos que en los datos objetivos.

La enseñanza del buceo recreativo ha hecho de la negación del riesgo una especie de arte. He podido comprobar innumerables veces que a los nuevos buceadores NO se les informa de los riesgos que asumen cuando bucean. La lección de biología es que una vez se oculta el riesgo de nuestra vista, nuestra supervivencia a largo plazo depende casi exclusivamente de la “buena suerte”. La lección de historia es que una vez que el pensamiento se centra en la obtención de beneficios, se pierde de vista el bienestar de las personas.

Durante los 20 años que llevo buceando me han justificado esta negación del riesgo diciéndome que en la contabilidad de los centros de buceo no está previsto reflejar conceptos como "salud y seguridad" o "calidad de la educación" (ni, en algunos casos, "legalidad vigente"). Lo divertido es que estas cosas acaban reflejándose en la contabilidad cuando los clientes que han sufrido un percance buscan una compensación en forma de demandas por daños y perjuicios.

A largo plazo, la negación del riesgo es una forma extremadamente costosa de hacer negocio.

Siempre me pregunto lo mismo: ¿Cuáles son los riesgos legales y médicos que asumo al impartir mis clases de buceo?

RIESGOS LEGALES

Los riesgos legales se pueden dividir básicamente en dos grandes categorías: civil y criminal.

Tomaremos primero la responsabilidad civil. Históricamente, la negación del riesgo no ha sido una buena defensa, especialmente cuando se puede demostrar en un juicio que los riesgos eran conocidos y simplemente han sido despreciados o ignorados.

La combinación de la negación del riesgo, junto con los estándares de calidad de enseñanza en perpetua disminución, no son más que una simple contribución económica de algunos centros de buceo a la comunidad legal. Pero cualquier cantidad pagada por las lesiones a un adulto es trivial comparada con las que pueden llegar a ser demandadas por lesiones a niños. En los juicios en que hay niños implicados se tiende a ver, independientemente de los hechos, a un niño herido o ausente y a un acusado avaricioso.

Reducir la edad de entrenamiento es una bomba de tiempo en términos de responsabilidad penal. Pero algunas agencias certificadoras están obteniendo beneficios, lo que significa que algunos de los que nos dedicamos profesionalmente al buceo acabaremos pagando "los platos rotos".

Instructores: la próxima vez que critiquéis a vuestro abogado, recordad la última vez que le disteis una licencia a alguien que no estaba realmente capacitado.

Desde la perspectiva criminal, independientemente de las normas de las agencias de certificación, puede haber países o estados en los que se limiten las actividades subacuáticas de los niños. Por ejemplo, en el estado de Ohio (EEUU) es ilegal que un menor de 17 años bucee si no va acompañado por alguien mayor de 21 años. Esta misma ley dice que bucear solo es ilegal. Esto nos sugiere que, bajo esta jurisdicción, un instructor de 18 años que enseña a bucear a un chico de 16 no está en la mejor posición posible para defenderse de una eventual demanda.

Cada jurisdicción tiene leyes y regulaciones hechas en un momento dado para cubrir una situación específica. Pueden permanecer en los libros de leyes durante décadas, hasta que son descubiertas por un abogado agresivo o por un fiscal avispado (estas cosas raramente son ventajosas para el demandado). Un ejemplo: En la ciudad de Detroit, sin importar la edad, se prohíbe el buceo con o sin botellas y actividades como el windsurf en las fuentes públicas de todo el casco urbano.

Cada instructor de buceo debe estar bien informado sobre las posibles restricciones legales que puedan existir en su país.

RIESGOS MÉDICOS

La frase "no se ha demostrado que… " seguida de cualquier cosa relacionada con los niños y el buceo, es absolutamente cierta.

No hay estudios documentados que demuestren que el buceo es perjudicial para los niños. ¡Ni nunca los habrá! Este tipo de estudios, necesarios para confirmar o descartar los riesgos médicos del buceo y los niños -incluyendo los que aún no han nacido-, probablemente no se harán nunca. Esta investigación sería muy costosa, implicaría décadas de registro de datos de pacientes y, además, sería un estudio poco ético.

La investigación médica siempre se ha caracterizado por proteger los derechos de los niños. Los estudios con niños deben demostrar en su planteamiento una alta probabilidad de éxito y unos riesgos mínimos para ser autorizados; no sé de ningún comité de bioética que pueda llegar a aprobar un estudio sobre los efectos de múltiples exposiciones de niños a un ambiente hiperbárico.

Alteraciones de personalidad

Los estudios hechos a individuos que han sido afectados por el síndrome de descompresión son fascinantes. Parece que algunos individuos desarrollan ciertos rasgos negativos de personalidad, como depresión y comportamiento anormal. En algunos estudios se estableció la existencia de alteraciones de personalidad en buzos profundos.

Por otro lado, los cambios en personalidad son a menudo subjetivos y difíciles de cuantificar, particularmente en ausencia de observaciones previas de la personalidad del buceador antes de ser afectado por el síndrome de descompresión.

Hasta donde yo sé, existe solamente un estudio dirigido específicamente a observar cambios de personalidad que demostró que cerca del 60 % de buceadores tratados por un síndrome de descompresión seguían mostrando alteraciones de personalidad un año después del tratamiento hiperbárico.

Cuando hablo con neurólogos o psiquiatras sobre este estudio (y sobre otros tipos de estudios relativos al sistema nervioso central del buceador en los que se empleó la resonancia magnética para evaluar las lesiones del síndrome de descompresión), me dicen básicamente dos cosas:

  • Los puntos que aparecen en una imagen de resonancia magnética señalan problemas potenciales que son difíciles de cuantificar en cuanto a sus consecuencias fisiológicas o psicológicas. Uno debe ser precavido en extremo al interpretar dichas imágenes.
     

  • Los cambios de personalidad, sin importar la naturaleza de lesión, sugieren claramente un cambio en la estructura del cerebro.

Si pregunto a éstos mismos neurólogos o psiquiatras, "¿hay suficientes argumentos sólidos para restringir el acceso de los niños al buceo recreativo?" la respuesta que invariablemente me dan es ésta: “si, al menos para mis hijos”, por las siguientes razones:

  • Las secuelas que impliquen un desarrollo negativo de la personalidad se consideran graves.
     

  • No hay ninguna forma de saber cuantas inmersiones, a qué profundidad, con qué duración, con qué mezcla de gases, para qué tipo de personalidad o en qué etapa del desarrollo son necesarias para causar este cambio de personalidad tras un incidente de descompresión.

Los efectos, si los hay, del buceo durante el desarrollo de la personalidad son desconocidos.

El pensamiento concreto

Otra buena razón por la que algunos psiquiatras y pediatras consideran que es mejor que los niños no buceen es la que se conoce como “pensamiento concreto”, algo típico de los niños hasta una edad de 14-17 años.

Puede establecerse una analogía entre un ordenador y un niño pequeño. Mientras la comunicación sea extremadamente exacta y limitada a parámetros simples, ambos harán las cosas bien. Pero no entienden lo que hacen, si nos salimos de estos parámetros, tendremos problemas; cuando un niño se enfrenta a un problema imprevisto, al igual que un ordenador frente a una instrucción no prevista, se bloquea. Entonces llama a sus padres para que le solucionen el problema.

Los pensadores concretos tienen una capacidad muy pequeña para reaccionar ante condiciones que sobrepasen las instrucciones claramente definidas que se les hayan dado. No pueden procesar la información o panoramas más allá de lo que tienen experimentado. No pueden formular una hipótesis y utilizar sistemáticamente la lógica para solucionar un problema. Esta capacidad de razonamiento se llama pensamiento abstracto y no se convierte una herramienta intelectual útil hasta el final de la adolescencia. Un niño puede recitar perfectamente cosas que ha memorizado, pero no suele comprender el significado real de las palabras utilizadas, y los padres confunden a menudo la capacidad de memorizar con la capacidad de entender.

Por ejemplo, un niño puede memorizar fácilmente la ley de Boyle y recitarla con la claridad dramática de Roberto DeNiro. Este niño, expuesto a la educación "moderna" del buceo (de la que a menudo se omite la comprensión de la física y de la fisiología del buceo, porque éstos son “temas irrelevantes") intentará hacer la maniobra de Valsalva siempre que sienta dolor en los oídos. Así pues, este pequeño pensador concreto se sumerge (capaz de recitar la ley de Boyle en cualquier momento) y disfruta de su inmersión en el Planeta Océano. Sin embargo, cuando el pensador concreto emerge, siente dolor en el oído. El pensador concreto asociará “dolor en los oídos” con “pellízcate la nariz y sopla”, y continuará intentando la maniobra (y empeorando las cosas) intentado destaponar sus oídos.

Por otra parte, alguien que entienda realmente la ley de Boyle y pueda procesar la información solucionará el problema de este modo: Como asciendo, el gas en el oído medio se está dilatando. Si siento dolor en mis oídos, es probable que sea por un aumento de presión. Por lo tanto, si “soplo”, aumento la presión en el oído medio y solamente empeoraré las cosas. Debo reducir la presión en mi oído medio, así que pellizcaré mi nariz y aspiraré suavemente. El pensador concreto empeora su problema mientras que el pensador abstracto lo soluciona.

Participamos en un deporte donde es imposible definir todos los posibles escenarios y por tanto inherentemente peligroso para un pensador concreto incapaz de solventar una emergencia. La diferencia entre la tragedia y un día de buceo maravilloso puede residir en la capacidad de funcionar más allá de lo concreto, porque cada crisis requiere flexibilidad... algo que simplemente no existe en el pensamiento concreto de un niño.

Los pediatras y los psiquiatras con quienes hablé consideran que la falta de pensamiento abstracto debería ser una contraindicación absoluta para conducir un coche, pilotar un avión o bucear.

Hay evidencias cada vez mayores de que los niños que comienzan la pubertad antes que sus compañeros tienen mayor riesgo de lesiones que los que se incorporan a la pubertad más adelante. Esto es así porque el desarrollo de características sexuales secundarias no se produce al mismo tiempo que el desarrollo intelectual. Así pues, aunque las hormonas fluyan, la capacidad para evaluar las consecuencias de una acción o del riesgo posible hacia uno mismo o hacia los demás simplemente no existe. Los pensadores concretos no pueden concebir el propio “aspecto finito de la vida”, lo que da paso al “síndrome de la inmortalidad”, tan común entre los adolescentes.

En base a estos datos, si empleamos las características sexuales secundarias como baremo de aptitud para la iniciación al buceo estaríamos seleccionando precisamente a la población más propensa a acabar teniendo problemas. Así pues, deberíamos extremar las precauciones antes de aceptar que ese niño de 2 metros, 80 kilos y 10 años de edad, aunque tenga barba, es suficientemente maduro para bucear. Y a menudo los padres son los menos cualificados para determinar la conveniencia de la iniciación al buceo de sus hijos.

La capacidad de compensar

La capacidad de compensar (igualar la presión entre el oído medio y la presión ambiente) es un factor crítico en el buceo. Todos debemos ser conscientes de este hecho. Recalco el tema pues sé que hay muchos instructores de buceo “modernos” que lo desconocen. Se han rebajado los estándares de enseñanza hasta tal punto que hay instructores que carecen de las más mínimas habilidades en el agua y tienen una profunda ignorancia de los principios del buceo, hasta el punto que jamás habrían obtenido su título hace tan solo 10 años.

Por un lado, debemos saber que es posible romperse el tímpano en menos de dos metros de agua y que el daño causado a la audición y al sentido del equilibrio puede ser irreversible.

Por otro lado sabemos de la incapacidad de los niños para compensar en los aviones comerciales de pasajeros. Como es un problema significativo, hay numerosos estudios que demuestran que la gran mayoría de niños menores de 12 años no son capaces de compensar, especialmente cuando la presión del oído es menor que la exterior.

Dado que los cambios de presión implicados en el buceo son mucho mayores que los que tienen lugar dentro de un avión comercial, parece razonable que esta incapacidad para compensar es una contraindicación para bucear.

Básicamente, las trompas de Eustaquio de los niños son pequeñas, planas y horizontales comparadas con las de los adultos. Esta orientación hace más difícil que el oído drene el agua y, como resultado, las infecciones de oído son mucho más comunes en los niños que en los adultos. Además, en los niños, la trompa de Eustaquio se cierra cuando tragan, mientras que en los adultos, se abre. En una situación de “presión negativa” la trompa de Eustaquio se cierra y el movimiento de aire se vuelve imposible. Los niños compensan peor o no pueden en absoluto.

Durante el desarrollo (alrededor de los 20 años de edad), la trompa de Eustaquio se dobla y forma unas estrías que previenen la obstrucción total en caso de presión negativa en el oído medio. Así, mientras que la maniobra de compensar puede ser una tarea fácil para un alumno de buceo adulto, se convierte en un grave problema para un niño, puesto que no valen las mismas técnicas cuando las trompas de Eustaquio no son funcionales.

La diferente anatomía de la trompa de Eustaquio en los niños provoca una mayor dificultad para compensar. La práctica del buceo incrementaría, en definitiva, el riesgo del niño de sufrir barotraumatismos en el oído medio.

Foramen Oval

Podríamos pasar horas hablando sólo del Foramen Oval Permeable (PFO). Brevemente explicaremos que, antes de nacer, todos tenemos una abertura en el corazón -llamada foramen oval- que permite la circulación sanguínea sin emplear los pulmones, que no son necesarios mientras estamos dentro de nuestra madre pues la sangre se oxigena a través de la placenta.

En el momento del nacimiento, esta abertura comienza a cerrarse, pero cerca del 25-30% de los adultos (tal vez más en los niños) no la tienen completamente cerrada. Esto no tiene mayor importancia en condiciones normales, pero puede ser un problema en el buceo, puesto que al aumentar la presión torácica (hecho habitual en una maniobra de Valsalva), este defecto cardíaco puede permitir que las burbujas de nitrógeno (que se forman en cada inmersión) pasen a la circulación arterial y de ahí al sistema nervioso central donde, al cabo de un tiempo, lleven a un déficit funcional del mismo.

La dificultad para compensar, junto con la relación entre el foramen oval y el síndrome de descompresión me sugiere que los niños tienen un mayor riesgo de sufrir daños en el sistema nervioso central que los adultos. 

Cartílagos y huesos

Es un hecho de que el oxígeno molecular es un componente clave en las reacciones químicas que forman el tejido conjuntivo. Es también un principio básico de química (Le Chatelier) que el aumento de la presión parcial de los componentes gaseosos altera el curso de una reacción química.

Las posibles alteraciones del tejido conjuntivo durante el desarrollo, como resultado de múltiples exposiciones hiperbáricas es, cuando menos, desconocido.

Pulmones

Los conductos aéreos de los niños son más pequeños proporcionalmente que el espacio alveolar de los adultos.

Las vías aéreas más estrechas sugieren un riesgo mayor de barotraumatismo. La magnitud de este aumento de riesgo es desconocida.

El frío

Los niños, debido a su menor masa corporal, se enfrían fácilmente. La mayor susceptibilidad a la hipotermia de los niños requiere una estrecha vigilancia por parte del instructor, implica inmersiones de menor duración y mayores medidas de protección térmica para los niños.

La menor masa corporal de los niños los hace más susceptibles a la hipotermia.

Fatiga de descompresión

Nunca, que yo sepa, ha habido un estudio científico válido que demuestre este hecho, pero muchos sabemos de su existencia. Parece ser que al bucear se produce un “stress mecánico de descompresión” provocado por el movimiento de gas inerte a través de los tejidos celulares, lo que somete la célula a un esfuerzo mecánico. La fatiga que sentimos tras la inmersión no es sino un síntoma de esta tensión celular.

No se sabe cómo la fatiga de descompresión puede afectar a los diferentes órganos durante el crecimiento.

Nitrox

Los que bucean con mezclas enriquecidas en oxígeno (Nitrox) suelen comentar que “se sienten mejor” si se sumergen respirando esta mezcla en vez de aire comprimido. Incluso hay quien concluye que la “fatiga de la descompresión” se soluciona fácilmente respirando aire enriquecido en oxígeno.

Veamos un poco de química básica: Vivimos en una atmósfera que contiene oxígeno, un elemento químico muy reactivo. El oxígeno siempre está buscando otros componentes químicos con los que reaccionar. Consideremos la reacción:

Oxígeno + Cualquier Cosa = “toxinas”

El oxígeno forma continuamente “toxinas”: materiales extremadamente reactivos como radicales libres, súper-óxidos, radicales aniónicos, etc. que interfieren el metabolismo normal de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo tiene cierta capacidad natural para hacer frente a estos compuestos indeseables cuando se forman. Problemas tales como la toxicidad nerviosa del oxígeno aparecen cuando la cantidad de estas “toxinas” exceden la capacidad del cuerpo para desactivarlas.

El principio de Le Chatelier nos dice que cualquier aumento en la presión parcial de oxígeno aumentará la cantidad de “toxinas” formadas, lo que conducirá a un aumento en la formación de radicales libres altamente reactivos. Algunos de estos compuestos químicos están entre los mutágenos más activos y son capaces de alterar el ADN de las células.

No hay forma de saber qué efecto, si lo hay, tiene el buceo a profundidades recreativas en la formación de radicales libres de oxígeno ni que efecto tienen sobre el cuerpo en la crucial etapa del crecimiento.

Para terminar...

No soy médico, así que en temas médicos, debo buscar el consejo de la comunidad médica y su literatura. Algunas asociaciones médicas recomiendan la edad mínima de 16 años para iniciarse en el buceo recreativo y observan que los estándares de formación deberían ser más exigentes.

Uno de los artículos médicos que leí sugería que una pauta razonable sería que el niño no debe bucear hasta que sea capaz de conducir un coche hasta el punto de buceo.

Personalmente no entreno a nadie con menos de 18 años (soy muy conservador en este tema) así que yo ampliaría esta recomendación:

El niño no debe bucear hasta que los padres confíen a su hijo el coche de la familia para conducir hasta el punto de buceo.

La adolescencia es, como el embarazo, una situación temporal y superable sobre la que hay tantas incertidumbres asociadas al buceo que lo mejor es esperar a que pase antes de iniciarse en este deporte.

Los niños son nuestro futuro.

Sobre el autor

El doctor Larry "Harris" Taylor, es bioquímico y Coordinador de Seguridad del Buceo de la Universidad de Michigan.

Es autor de más de 100 artículos relacionados con el buceo.

Su biblioteca personal es considerada una de las mejores fuentes de información sobre buceo recreativo de los Estados Unidos de Norteamérica.

Puedes leer otros de sus trabajos y contactar con él en:

http://www.mindspring.com/~divegeek/

 

  Navegación rápida

   


Aviso Legal

© Miquel Pontes 1996-2017  Todos los derechos reservados


Última modificación: 07 d’agost 2017 06:03


Hemos recibido visitas