M@re Nostrum

La otra vida de los barcos
El Parque Submarino de Tarragona
por Marc Casanovas
Publicado en el Diari de Tarragona el 9 de febrero de 1997
Fotos y texto de la inmersión por Miquel Pontes

a Societat d'Exploracions Submarines de Tarragona (SES) dispone, desde hace dos años, de un parque subacuático en las inmediaciones del Far de la Banya en el Puerto de Tarragona, en el que hunden embarcaciones para la práctica del buceo y con el objetivo de regenerar la fauna marina de la zona. En el mes de octubre de 1996 hundieron la sexta barca del parque, el velero "Toni".

El velero "Toni", de 12 metros de eslora, fue el último barco que los responsables de la SES hundieron en el parque subacuático. El procedimiento es sencillo según explican los miembros de la junta directiva del SES, Rafael Pérez y Pedro Pradillo. Consiste en abrir boquetes en puntos estratégicos del buque hasta lograr que el agua se lo trague lentamente.


El velero "Toni" a 25 metros
de profundidad

Para conseguirlo es necesaria la intervención de submarinistas que mueven el barco para facilitar su hundimiento. En el caso de embarcaciones pequeñas "el proceso no dura más de una hora", explica Pedro Pradillo. Si son mayores, como es el caso del mercante "La Dragonera", de 65 metros de eslora, el hundimiento es más lento. Éste último barco es el más grande de los seis que hay dentro del parque subacuático. Le sigue la barca "Sebastián y Lola", con 34 metros de eslora; el velero "Toni", de 12; y tres barquitas de pesca.

Todos los barcos se encuentran a unos 25 metros de profundidad. Para facilitar la inmersión, los barcos están unidos por cuerdas para que los submarinistas puedan ir de uno a otro sin demasiados problemas de orientación.


Bolardos de la cubierta de
popa del "Dragonera"

El parque, que tiene una hectárea de superficie, fue habilitado en 1995 en la escollera exterior del puerto, con el objetivo de acotar una zona para la práctica del buceo pero que también sirviese para la regeneración piscícola de la zona. "Hay que tener en cuenta", comenta Rafael Pérez, "que está prohibido pescar en toda la zona de la escollera". Pérez, que ejerce de portavoz de la SES, recuerda que cuando se hundió el "Dragonera", se acondicionó su amplia bodega para servir de refugio y criadero a los peces.

La experiencia ha funcionado. "Quienes conozcan la zona, submarinistas y pescadores sobre todo, ya han podido observar que ha aumentado considerablemente el número de peces, tanto en el recinto del parque como en sus inmediaciones", señala Pérez.

Más hundimientos

A lo largo de este año, la SES prevé llevar a cabo nuevos hundimientos de embarcaciones, según explica el presidente, Albert Pradillo. También está previsto que un equipo de biólogos de la SES elabore un estudio a partir de los datos tomados antes de la construcción del parque y de los obtenidos en las diferentes etapas de su consolidación.


Banco de obladas sobre el puente del "Dragonera"

Además del de Tarragona, en toda la costa catalana hay instalados un total de once escollos para la regeneración de la pesca. Desde el punto de vista biológico, el número de especies de peces visualizadas en los escollos artificiales es de 31. Curiosamente, los biotopos de la costa tarraconense son los que ofrecen más riqueza de fauna.

Evidentemente no todas las especies de peces se encuentran en todos los módulos o en todos los escollos. Hay diez especies que son comunes en todos los biotopos, como el congrio, los serranos, los pageles, los "estudiants" y las escórporas; así como otras que son bastante usuales. Este es el caso de las vacas serranas, los salmonetes reales, las "mabres" o las obladas.

Por otra parte, tanto los biotopos como los barcos sumergidos, según recuerda Pedro Pradillo, juegan otro importante papel de protección de la zona costera, ya que impiden la pesca de arrastre que tanto daña los fondos marinos.


Vaca serrana cerca del
espigón del puerto

Los barcos pesqueros no lanzan las redes donde saben que pueden quedar enganchadas en estructuras de hierro u hormigón. Y es que, aunque se hundan los barcos, Capitanía Marítima debe tener constancia de su situación exacta. Por esta razón, antes de sumergir una embarcación se debe informar a las autoridades.

Sobre la eficacia de los barcos hundidos en la regeneración de la fauna marítima, los pescadores explican que son más efectivos que los propios biotopos ya que, al no ser bloques compactos, ofrecen más protección a los peces.

Por otra parte, antes de hundir un barco para que comienze su nueva vida, es necesaria una limpieza a fondo de sus depósitos, además de desmontar sus motores y las partes que puedan resultar contaminantes. El hundimiento es la parte final de un largo proceso de desmontaje.

Nuestra experiencia en el Parque
por Miquel Pontes


El momento en que hundieron el "Dragonera".

Nuestra inmersión en el Parque Subacuático de Tarragona tuvo lugar el 13 de julio de 1997 gracias a la organización del club Carey's Sub, de Badalona. Un día soleado y en el que hacia mucho calor, que la suave brisa apenas lograba hacer soportable.

El agua estaba tranquila, lo cual es de agradecer, ya que la entrada al agua se hace en el costado del espigón del puerto que da a mar abierto, lugar en que el oleaje se acusa bastante, cuando lo hay.

Gracias al SES hay instaladas ahora unas casetas con duchas y vestuarios, aunque la norma es cambiarse "al fresco", junto a los coches, aunque como nos hallamos en el muelle del carbón, el fino polvo negro lo ensucia todo. Una vez pertrechados procedemos a bajar unas escalas provistas por el SES que nos permiten el fácil acceso al agua. En nuestra anterior visita, en enero de 1995, no existían estas escaleras, por lo que bajar al agua fue una aventura tanto o mayor que nadar en ella.


La baja visibilidad es un nivel de dificultad aquí

La visibilidad en el agua era reducida, de unos cinco metros, pero la inmersión era perfectamente practicable. Esta "gran" visibilidad fue una grata sorpresa para nosotros ya que, en la otra ocasión en que habíamos intentado realizar esta inmersión, no pudimos llevarla a cabo porque la visibilidad apenas alcanzaba un metro: El efecto de la luz del sol difractándose en la materia en suspensión anulaba la visibilidad completamente, rodeándonos de un aura de color verde claro, impenetrable a nuestros ojos.

Esta visibilidad se ve reducida aún más por los propios submarinistas que levantan sedimentos con sus aletas, y es que el fondo sobre el que se asienta el parque es fangoso-arenoso.

Nuestra inmersión duró unos 40 minutos, en los que alcanzamos una profundidad máxima de 22 metros. Nuestros ordenadores de buceo no llegaron a indicar la necesidad de efectuar paradas de descompresión, aunque observamos una parada de seguridad de 3 minutos a unos tres metros cuando estábamos a punto de salir del agua.

El procedimiento que seguimos fue nadar por superficie hasta la gran boya central, situada un poco más alla del pecio Dragonera, con objeto de reservar el precioso aire de nuestras botellas para la inmersión. Es una buena distancia para nadar con todo el equipo de inmersión puesto, así que únicamente recomendamos esta forma de iniciar la inmersión a aquellos buceadores que estén en buena forma física.


Los cabos tendidos bajo el agua marcan la tónica de la inmersión.

Una vez estuvimos en la boya, nos sumergimos y nos guiamos hacia abajo valiéndonos del cabo de la misma. Esta boya no está unida al Dragonera, sino que está situada un poco más hacia mar abierto. Cuando estuvimos a unos 15 metros de profundidad nos separamos del cabo de la boya y nos dirigimos en dirección a tierra, momento en que la imponente mole del pecio apareció ante nuestros ojos. Es fácil que algunos buceadores, siguiendo a partir de la boya hacia mar abierto, no puedan ver nada. Hay que ir en dirección al espigón una vez en la boya.

El Dragonera se alzaba frente a nosotros, como en posición de navegar, con los restos de su estructura llenos de mejillones, nudibranquios preciosos y algunas matas de coral blando de color blanco. Observamos algunas puestas de nudibranquios, en forma de espiral minúscula de color blanco.

Aunque estos pecios aquí situados se conforman en biotopos, no vimos mucha vida en el pecio, con la excepción, tal vez, de un banco de obladas que nos cruzó en un momento dado. Probablemente, debido al contínuo asedio de los submarinistas, la vida se manifiesta más intensamente de noche, resguardándose de las miradas ajenas durante la luz del día en los multiples recovecos que ofrecen estos barcos hundidos. Asímismo, los arenales de los alrededores son más tranquilos de día para aquellos peces que, gracias a su camuflaje corporal y a la baja visibilidad, puedan sentirse tranquilos en mar abierto.


Detalle de la cubierta del "Dragonera"

La boya por la que bajamos viene a dar a la parte central del pecio, mientras que a proa y a popa hay dos boyas más pequeñas, ligadas, éstas sí, a la superestructura del navío. Nosotros, al bajar por la boya central, accedimos a la cubierta del "Dragonera", nadando por encima de las bodegas abiertas al cielo.

Se tuvo la precaución, antes de hundir el barco, de llenarle las bodegas con objetos de formas varias que pudieran servir de refugio a los peces. Esto marca una diferencia con otros pecios que, al tener las bodegas vacias, albergan mucha menos vida.

Partiendo de la zona central nadamos hacia la proa del barco, recorrimos después su exterior por la zona de babor, que da a mar abierto, observando la vida que se refugia bajo el casco. Rodeamos el barco por la popa y entramos de nuevo en las bodegas, esta vez para observar detenidamente el interior.


Antonio Baños, del Careys's Sub, junto a una escala
de la bodega.

Cuando salimos de la bodega posterior, pasamos a través de los pasadizos exteriores que pasan bajo el puente de mando, situado a popa. Estos pasadizos, libres de estorbos, permiten pasar nadando cómodamente hasta la cubierta de popa, sin perder nunca la luz.

Continuamos resiguiendo el casco hasta que en un momento, ya en el lado de estribor, hallamos un grueso cabo, que nos permitió avanzar cómodamente y olvidándonos de la orientación, hacia el próximo pecio del parque, el "Sebastián y Lola". Estos barcos tienen cierto interés para aquellos que sepan "mirar" las cosas bajo el agua. Las cubiertas están más o menos destrozadas y muestran todo el costillaje de los barcos, a la vez que permiten la fácil entrada de peces y otros seres marinos, que no el hombre.

Siguiendo los cabos tendidos de barco a barco vemos, entre bloques de cemento plagados de gorgonias blancas, el velero Toni, los restos del cual yacen, junto con los otros pecios, a unos 25 metros de profundidad.

De este velero podemos llegar hasta una inmensa ancla, probablemente perdida por algún carguero o petrolero, la cual se yergue en el agua a poca distancia del espigón. Pero la inmersión no se ha acabado todavía, nos falta ver las llamadas "Barcas de la Luz", tres pequeños barcos pesqueros hundidos muy cerca uno del otro, como compañeros de navegación compartiendo el destino común.


Proa de una de las
"barcas de la luz"

No hay cabos que conduzcan a ningún otro sitio, el unico que encontramos aquí vuelve al gran ancla, desde la cual volvemos hacia el espigón. Es en esta zona donde, gracias a la mejor visibilidad del agua y a la abundancia de recovecos, podemos observar la mayor cantidad de vida: esponjas de color granate, bancos de "pejeverdes", salpas y serranos. También vimos una colonia de animales, de la familia de los corales, desprendida por algún desaprensivo y flotando entre las rocas. La suerte de este ser estaba echada ya que, al no estar fijada al fondo arenoso, es mucho más vulnerable, pues partes muy frágiles de la colonia entran en contacto con las rocas.

La cantidad de vida que albergará el parque en el futuro dependerá de la gestión que se haga y de los nuevos biotopos que se instalen. Las características de la zona circundante, eminentemente fangoso-arenosa harán de este lugar un pequeño paraíso para los peces, ya que en los diferentes barcos hundidos que aquí encontramos hallarán refugio contra los depredadores. También algunos depredadores aprenderán a vivir aquí al tener mejores oportunidades de caza.

Respecto a los cazadores humanos, se dice que en todo el espigón está prohibida la pesca submarina. El día de nuestra inmersión vimos varios pescadores submarinos que, si bien no podríamos afirmar que estaban dentro de los límites del parque, por lo menos estaban muy cerca.

Se aprovechaban así estos pescadores submarinos de los esfuerzos de los demás en repoblar la zona, y aún está por ver que algun colectivo de pescadores fomente la protección de una zona de costa para aumentar el número de presas objeto de su "deporte". Esto sería una práctica inteligente, puesto que, en caso contrario, dentro de poco no tendrán nada que pescar, ni nosotros nada que observar. Y sino... ¡tiempo al tiempo!

Álbum de fotos de la inmersión...

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:03


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