M@re Nostrum

La Caldera Nueva
por
Salvador Magariño
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fotos de Pedro Sánchez Ayaso,
Oscar Rulli (con la modelo Patricia Sibajas)
y Salvador Magariño

Profundidad: 28 metros
Dificultad: 3/4
Corrientes: fuertes

Tipo de fondo: rocoso
Fauna: variada pequeña
Visibilidad: buena

ocos son los datos que conocemos de este pecio. Era un vapor de unos 50 metros de eslora que, según consta en los archivos, no se desguazó. En cualquier caso, se procedió a su voladura y se utilizó su chatarra como filón de hierro.

Al tratarse de un pecio en aguas abiertas, el buceo debe practicarse siempre durante el reparo bien de pleamar o de bajamar; preferiblemente el de bajamar, aunque la visibilidad sea menor.

LA INMERSIÓN

Fondeamos en las cercanías del pecio, a ser posible, sobre uno de los dos cantiles que lo acoge y que forman una calle.

Descendiendo, adivinamos en el azul unos hierros bastante esparcidos en el llano arenoso y amarillento. Aunque la forma del pecio no es apreciable a simple vista, podemos adivinar por la situación de la crujía del barco que la proa se encuentra hacia el levante.

Una formación férrea destaca entre todas: se trata de la caldera, que con su forma de “pipa invertida” se diferencia de las otras que conocemos en la isla de Las Palomas.

Todas las estructuras metálicas están cubiertas por vida bentónica, tanto en fauna como en flora. Los mas destacados son los Astroides calycularis, que lo poblan en su totalidad, especialmente en la penumbra. Las gorgonias blancas abundan por doquier, pero las rojas de porte pequeño adornan las estructuras de hierro, sobre todo en la caldera, donde toman su mayor tamaño.

El hecho de que el pecio esté dinamitado es bastante compresible y lógico. A principios del siglo XX, los medios técnicos que existían para la producción de acero eran muy limitados, por lo que cuando se producía un naufragio, la extracción del hierro era inminente. Se efectuaba la voladura del pecio y se procedía a la extracción de la chatarra, que se aprovechaba en la elaboración de acero nuevo. El gran auge de este procedimiento fue, sobre todo, después de la posguerra, en los años 50, cuando el submarinismo estaba en sus comienzos en nuestro país.

Como seguramente, sobre todo en nuestra primera inmersión, lo que querremos es conocer el pecio, seguiremos las estructuras del buque por navegación natural y llegaremos a la popa, donde la hélice y el timón descansan sobre el fondo, en la banda de estribor.

La forma de la hélice es bastante singular; de unos 3 mtrs de diámetro, tiene las palas dinteladas, lo que nos hace suponer que no fueron fundidas en una sola pieza, sino que las hicieron por partes que fueron montadas posteriormente.

Vistas las estructuras en general y situados físicamente sobre el pecio, podemos dedicarnos a ver en particular las partes del mismo y la vida que las cubre.

Si podemos desviar la vista de nuestra obvia curiosidad, ya que se trata de un barco muy singular, y nos asomamos a las oquedades que forma la chatarra sobre al arena, fácilmente nos encontramos con langostas, bogavantes, meros, etc.

Pero es en los aledaños del pecio, y sobre todo en el pequeño estrato que se levanta hacia el este, donde un par de gorgonias amarillas de gran porte se agarran al sustrato rocoso perpendicularmente a la corriente.

La vuelta al barco de superficie, es bastante sencilla: seguramente, desde nos encontramos, veremos el cabo de fondeo.

MÁS FOTOS

© Texto y dibujo de Salvador Magariño 2005
© Fotos fotos de Pedro Sánchez Ayaso,
Oscar Rulli (con la modelo Patricia Sibajas)
y Salvador Magariño


Puerto Pesquero
11380 Tarifa (Cádiz)

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:03


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