M@re Nostrum

Pecios de Águilas (Murcia)
por Luis Mario Barquín Solera
Fotos de Luis Mario Barquín y Maribel Guerra

Mar y Otros  http://www.maryotros.com

l hundimiento de barcos de manera intencionada es algo que se ha realizado a lo largo de la historia por muy diversas causas. Entre ellas, una de las más habituales son las razones puramente económicas; una manera fácil y barata de deshacerse de un barco viejo e inservible es hacerle un agujero en el fondo, o simplemente abrirle los grifos de fondo, y mandarlo a pique.



Maribel junto a la proa del "Nuevo Mi Teresa"
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Desde que el buceo se ha extendido de forma generalizada como actividad de ocio, han aparecido diversas utilidades que se le pueden dar a los viejos barcos cuyos días se acaban.

El buceo en pecios es siempre una experiencia diferente en comparación con el resto de las inmersiones que se suelen hacer en el litoral, las razones son fáciles de explicar: un pecio suele ser un artefacto grande y aparatoso, esto ya de por sí lo hace impactante y fotogénico, pero además está lleno de recovecos y huecos, ideales para convertirse en la morada de muy diversas formas de vida.

Pero hay otro aspecto también muy importante: el halo de misterio que envuelve siempre a los barcos hundidos. Durante una inmersión en un pecio, uno repasa con la vista cada esquina del mismo esperando encontrar un objeto que nos de información adicional sobre la vida del mismo: su nacimiento, la época en la que fue construido y con qué propósito, su vida, que utilidad se le dió finalmente, cuantas remodelaciones sufrió, cuan rentable y productivo fue, cuantas personas vivieron de él y finalmente su muerte, como y cuando se hundió.

Así pues, los pecios tienen un gran interés para el buceo, pero ahora también se los está viendo desde un punto de vista económico, ya que están demostrando que son buenos generadores de vida en los entornos próximos al litoral, con sus buenas consecuencias para la pesca. Además suponen un obstáculo para las artes de pesca ilegales constituyéndose, por ejemplo, en una buena defensa para las praderas de posidonia, al impedir el paso de los arrastreros en cotas donde esta actividad no está permitida.

Con el crecimiento del buceo como actividad recreativa, los pecios constituyen la apertura de nuevos puntos de inmersión, diversificando los puntos de buceo e impidiendo la excesiva concentración de buceadores en puntos concretos de la costa, minimizando así el impacto negativo que éstos producen.

Así pues, parece claro que, una vez que la vida de un barco se acaba, el fin más rentable que se le puede dar es hundirlo en la zona adecuada.



Maribel junto a la popa del "San Francisco de Asís"
con un banco de mojarras
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Para que un barco se convierta en un buen arrecife artificial hay que despojarlo de todos aquellos elementos contaminantes que harían que todas las ventajas descritas quedasen relegadas a un segundo plano, a saber: no debe tener combustibles ni lubricantes que se vertiesen durante el proceso de degradación del pecio con el paso del tiempo, mucho menos deben dejarse instaladas baterías u otros elementos contenedores de ácidos o metales pesados, etc.

Si el pecio va a ser susceptible de ser visitado por buceadores habrá que despojarlo también de los elementos que supongan un peligro, como por ejemplo, cabos y restos de aparejos de pesca en los que los buceadores se puedan enredar. Convendrá también eliminar o bloquear puertas y otros obstáculos que, con el tiempo, se puedan cerrar bloqueando el paso y atrapando a buceadores. También deberán desaparecer los objetos punzantes o cortantes que puedan producir lesiones, etc.

Los pecios de Águilas y la vida

Si hay un lugar en España donde hay un gran número de barcos hundidos, ese es Águilas, en la provincia de Murcia. En la zona de costa que va desde Cabo Cope hasta la Isla del Fraile, se calcula que puede haber una veintena de barcos que inicialmente se hundieron para crear arrecife artificial.

En aquellos en los que se han dado unas circunstancias especiales, la vida ha florecido de tal manera que ahora son puntos de inmersión frecuentados cada fin de semana por multitud de buceadores, constituyéndose éstos como la principal fuente de riqueza que los pecios aportan a la economía de la comarca.

Antiguamente, para desguazar un pesquero en Águilas, se le llevaba a determinados puntos de la costa, donde quedaba fondeado, y se esperaba que saltase un Levante que los destrozase contra los rompientes de la costa.



Mario junto a las cuadernas del "Manuel Fontanet"
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Desde hace unos años y con la autorización expresa de la Comandancia de Marina estos barcos son despojados de todos los objetos metálicos, hasta el punto de que algunos quedan reducidos casi exclusivamente a su casco y a la cubierta, y después, una vez obtenidos los permisos correspondientes, se les carga con piedras y se les remolca hasta su destino final, el cual viene condicionado por la profundidad, que limita las artes de pesca susceptibles de ser utilizadas en esa zona.

Ahí se les hace un agujero en el fondo y se deja que se hundan. El punto exacto aparece reflejado en las cartas náuticas y durante los años siguientes se puede disfrutar de la observación del proceso de colonización de los mismos por la vida, hasta que las maderas prácticamente desaparecen y únicamente quedan las piedras cubiertas de algas, sirviendo de refugio para las nuevas comunidades animales que se han alojado en él.

La frecuencia de buceadores en estos puntos ha cobrado tales proporciones que quizá algunas de las ventajas aportadas por los pecios se pueden ver mermadas. Por ejemplo, en las zonas más transitadas, el roce continuo de los buceadores hace que determinadas formaciones de algas, esponjas, cnidarios y otras especies que viven adheridos a las paredes y fondos no lleguen a formarse o mueran al poco tiempo.

Otra causa habitual de degradación viene dada por los sedimentos que se levantan al aletear y que se posan sobre los organismos que necesitan la luz para subsistir cubriéndolos e impidiendo su florecimiento. También estos sedimentos, si son muy continuados, pueden impedir la vida de aquellos organismos que se alimentan de partículas en suspensión, al obstruir sus conductos alimenticios. Es el caso típico de las gorgonias, gusanos tubícolas, esponjas y otros organismos que se alimentan de micropláncton.



Maribel junto al "Montoya" y un grupo de meros y
el "Hermano Mayor" al fondo
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Finalmente, el feeding es una práctica habitual que también colabora a la degradación del entorno, pues aunque es muy agradecida al concentrar grandes cantidades de los animales tradicionalmente mas valorados en las inmersiones recreativas, como morenas, meros y congrios, genera una serie de sutiles incidencias en los ecosistemas generados en los pecios.

Entre los efectos más destacados del feeding tenemos el desequilibrio en las proporciones de las especies, generando mas predadores que los que corresponderían en base al número de especies e individuos existentes en los escalones más bajos de la cadena alimenticia. También se observa un impacto mas evidente y negativo como resultado del feeding: la alteración de los comportamientos de los habitantes del ecosistema, que les hace perder el miedo a los seres humanos, poniéndolos a tiro de los menos escrupulosos y, en cualquier caso, atrofiando los instintos cazadores de las especies más frecuentemente visitadas.

Es responsabilidad de cada buceador alterar el mínimo posible las condiciones encontradas en un pecio, con esto garantiza de por vida el desarrollo sostenible del ecosistema y hace que se amplíe su zona de influencia.

La vida y los pecios de Águilas

Con respecto al halo de misterio que envuelve siempre a los pecios, parece que no sea el caso de los de Águilas, ya que al ser barcos hundidos deliberadamente, no hay incertidumbre a cerca de las causas del hundimiento, y además los cascos están limpios.

Prácticamente no hay objetos reconocibles que indiquen que aquello es poco más que una gran caja de madera vacía. Pero esto no es totalmente justo, ya que es sabido que para las personas que viven del mar y especialmente los pescadores, un barco guarda mucha vida en su interior: muchas horas de trabajo, muchas vicisitudes y, en muchos casos, miedo, alegría y penurias para ganar algo de dinero y poder mantener un estilo de vida que el tiempo está aniquilando por muy diversas causas muy complejas de analizar.

Hoy en día, estos barcos representan en buena medida el ocaso de un estilo de vida que dominó en la población de Águilas durante décadas y cuya presencia bajo el mar muestra la transformación de lo que en su día fue una población eminentemente pesquera, a lo que hoy es una población agrícola e industrial, dominada por las explotaciones de los invernaderos y los servicios relacionados con el turismo.

Curiosamente, los pecios contribuyen activamente a esta transformación al formar parte del atractivo submarino de la zona y por ello fomentar las visitas de buceadores.

En Águilas, todavía queda un número significativo de personas que viven de la pesca, pero este colectivo es cada vez menor y, por el contrario, con sus cuatro centros de buceo, cada vez hay mayor número de buceadores.

Hay casos de personas que de una forma mas o menos estable trabajan en centros de buceo y provienen del mundo de la pesca, ya que su conocimiento del medio y el dominio de los barcos les hace muy aptos. Otros empezaron como “pinchotas” y después se pasaron al buceo con botella. Algunos de ellos se convirtieron en buzos profesionales y ahora trabajan en la floreciente industria de la acuicultura.

En este último caso, se encuentra Jesús, más conocido en los ambientes pesqueros por “el Morito” que trabajó durante muchos años en el barco "Manuel Fontanet", uno de los pesqueros que ahora sirven de generadores de vida cerca de la Cueva de la Virgen, en Cabo Cope. Ahora trabaja en una de las piscifactorías como buzo profesional y de vez en cuando se viene a bucear con nosotros.



Jesús frente al "Manuel Fontanet"
cuando estaba en activo
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Para él, bucear en ese pecio tiene un significado especial y, después de la inmersión, mientras nos tomamos tranquilamente una cerveza, nos cuenta anécdotas de su vida en el mar y en particular en el "Manuel Fontanet"... Como aquel día que el aparejo de un arrastrero se enredó con el de otro y por poco lo “arrastran” hasta el fondo del mar sin haber notado prácticamente ni el tirón, por suerte una llamada telefónica les hizo mirar para atrás para comprobar que, del otro barco, solo quedaba fuera del agua el puente.

También cuenta aquel día que, examinándose del curso de buceo avanzado y como test de narcosis, le pidieron que estimase las medidas del barco que tenía delante. Tratándose del "Manuel Fontanet", no tuvo ningún problema en proporcionarlas con todo lujo de detalles y la mayor rapidez, para asombro del instructor.

También nos cuenta un montón de historias mucho más íntimas y personales de su vida en el mar, pero esas es mejor que las cuente el mismo.

Muchos de los pescadores que alternan su actividad con la de los centros de buceo también han aprendido a bucear y ahora ven de cerca como es el entorno del que ellos viven.

Esperemos que ese conocimiento derive en un mayor cuidado de su medio de vida principal, pero una cosa es segura, en Águilas el buceo no se ve como una actividad enfrentada con la pesca. Los buceadores estamos convencidos de que, a poco que lo cuidemos, hay mar de sobra para todos.

Cada uno de los barcos que están hundidos en las inmediaciones de Águilas tiene muchas historias con él, y a poco que se congenie con la gente del pueblo, rápidamente aparecen anécdotas que, con su parte de verdad, de mentira, de exageración y de mito llevan a concluir que es mentira que esos barcos sean solo objetos de desguace sin vida y que constituyen poco mas que un basurero submarino.

Estos barcos, además de su interés biológico y fotográfico tienen todos los elementos que hacen que el buceo en pecios sea diferente, constituyen una prueba evidente de lo inevitable del paso del tiempo.

Estos pecios están cargados de historias. A poco que sepamos mirar y escuchar se nos muestran con toda su riqueza y por lo tanto no suponen una diferencia con respecto a bucear en barcos cuyo hundimiento supuso una gran tragedia, o aquellos sobre los que se puede encontrar abundante bibliografía. Tienen su historia y están esperando que la descubramos.

En cierta manera, y como todos los pecios, siguen vivos.

Más fotos

   

La pesca no siempre está reñida
con el buceo recreativo

Maribel junto al pecio del "Guden"
con algunos sargos
Alfonso descendiendo sobre
el "Hermano Mayor"
Maribel en el pecio del
"Nuevo Mi Teresa"



© Texto: Luis Mario Barquín Solera

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:03


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