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Gran Canaria bajo el azul
por José Barrera Artiles

lo largo de su existencia, los canarios han vivido el mar en toda su inmensidad. No podía ser de otra forma en un lugar donde las aguas del Atlántico se conjugan con el azul del cielo que se empeña en ser luminoso más de 300 días al año. La temperatura de eterna primavera de Gran Canaria, excepcionalmente por debajo de los 16º, invita a zambullirse en la masa líquida que la circunda. Y allí, en un fondo de escasa plataforma, el visitante ocasional encuentra aún más sentido al calificativo de Islas Afortunadas.

La Isla de Gran Canaria está salpicada de pequeños pueblos que son auténticos remansos de paz y que contrastan con el bullicio de su capital, Las Palmas de Gran Canaria, séptima ciudad de España por el número de habitantes. En apenas una hora de camino, los contrastes del paisaje harán pasar al visitante de las cumbres y riscos desde donde es fácil ver otras islas, hasta las playas kilométricas del Sur, con la inolvidable visión de las dunas de Maspalomas.

Es en la costa, fundamentalmente, donde se mueve la economía grancanaria. El turismo, principal industria de la Isla, encuentra allí una infraestructura más que suficiente para gozar de sus días de vacaciones. Todo un litoral por descubrir, una interesante gastronomía, una intensa vida nocturna, y la posibilidad de elegir entre un amplio abanico de actividades acuáticas que se relanzan con fuerza con la presencia de importantes muelles deportivos desde donde cada año parten regatas internacionales.


Desparasitando a una morena

Las actividades subacuáticas encuentran en Gran Canaria un sinfín de posibilidades. La isla sorprende lo mismo por sus fondos que por sus paisajes terrestres, y existen rutas concretas obligatorias, que acercan a los distintos municipios a los amantes del buceo deportivo.

En la misma capital se encuentra la playa de Las Canteras, cuya riqueza geológica la convierte en un punto de inmersión obligatorio para conocer su popular Barra, formada por arenisca compactada. Las Canteras es un gran acuario que La Barra cierra a los embates del mar abierto, lo que ha originado unas características tales en sus fondos que son frecuentados por especies animales, y especialmente vegetales, que no se conocen en ningún otro lugar del Archipiélago.

Saliendo de la ciudad por el sureste se llega al municipio de Agüimes, un pueblo de algo más de 15.000 habitantes que cuenta entre su zona costera con el barrio de Arinaga, donde se puede hacer la mejor inmersión de la Isla y una de las ocho mejores que se pueden hacer en Canarias en el lugar conocido como El Cabrón. No se puede bucear en Gran Canaria sin haber atravesado la carretera de tierra que nos lleva al veril donde, cómodamente, los clubes turísticos y buceadores locales se citan en cualquier época del año.

La inmersión empieza en el lugar conocido como El Hoyo, un hueco entre las rocas del litoral donde apenas hay tres metros de profundidad, lo que nos permite dar un último repaso al material antes de seguir con la inmersión y, a la salida, hacer cómodas descompresiones.

A partir de El Hoyo comienza una plataforma rocosa que en sus primeros metros se encuentra recubierta por una banda de algas fotófilas de la especie Cystoseira abies-marina. A continuación, el blanquizal nos recuerda la presencia de los erizos, que son constantemente superados por numerosas especies entre las cuales destacan varias de sargos, viejas o peces loro, chopas, etcétera.

Una vez que nadamos sobre los doce metros de profundidad, la plataforma rocosa nos presenta una caída de 23 metros que constituye el veril de El Cabrón y donde se encuentra la mayor concentración de peces. En su base abundan las cuevas y grietas que dan refugio a los verrugatos (Umbrina canariensis y Umbrina cirrosa), algunos ejemplares de brota y de catalufas (Heteropriacanthus cruentatus). Por delante del veril domina la arena en la que se asientan los salmonetes, las herreras, y la popular roncadera de El Cabrón, formada por un enorme cardumen de peces de la especie Pomadasys incisus.


Espectacular cardumen de roncadores
en El Cabrón (Arinaga)

A lo largo de todo el veril es frecuente observar ejemplares de abades y de meros. Las numerosas grietas son además el refugio ideal para las morenas, presentes a lo largo de casi toda la inmersión, y sobre todo de la morena negra, lo mismo que el murión, así como la morena bogavante. Sin duda uno de los mayores espectáculos se encuentra a media agua, donde se pueden ver nadando con su peculiar elegancia grupos de barracudas y los medregales.

Los pescadores no son bien recibidos en tanto que El Cabrón, pese a no ser oficialmente reconocido como Reserva Marina, es protegida constantemente por los buceadores, que han logrado sensibilizar en gran medida a quienes allí acudían a hacer sus capturas de la necesidad de preservar un espacio tan rico. Los más observadores encontrarán en el veril muchas razones para visitarlo, por la presencia en paredes, cornisas y cuevas de una fauna invertebrada muy interesante con numerosas especies de poríferos, cnidarios, moluscos y crustáceos.

Desplazándose unos metros hacia el Norte en esta misma zona, encontramos la Punta de la Sal, un lugar cuyo acceso es algo más dificultoso por la exposición al oleaje y las fuertes corrientes que con frecuencia barren la Punta. Existe un par de veriles que se adentran en el mar plagados de organismos bentónicos, como las esponjas y pólipos, que presentan gran variedad de colores. Debido a las condiciones hidrodinámicas, algunos antozoos coloniales alcanzan un buen desarrollo como la gorgonia amarilla y la gorgonia roja, así como el zoantídeo Gerardia savaglia.

La Punta de la Sal es lugar de paso para muchos peces, especialmente en los meses de verano, cuando es frecuente ver los medregales, samas, pargos y algunos túnidos como la sierra o el bonito listado. La profundidad máxima en la Punta de la Sal ronda los 32 metros.

La Baja de Pasito Blanco

Continuando en nuestra vuelta a la Isla hacia el Sur, tras pasar algunas playas de vital importancia turística como Playa del Inglés y Maspalomas, llegamos a Pasito Blanco, un muelle deportivo visitado especialmente por turistas que realizan sus recorridos por la costa o mar adentro a participar en la pesca del tiburón o el blue marlin, sacando ejemplares de estos últimos que a veces pasan de los 400 kilos de peso.

A una milla náutica de este puerto llegamos a una zona arenosa donde está enclavada la baja. Su parte superior es llana y alcanza unos quince metros de profundidad, si bien hasta la arena hay 19 metros. Sus alrededores presentan amplias cornisas tapizadas por esponjas y otros organismos. Estas cornisas dan cobijo a catalufas, así como a ejemplares del pez trompeta de la especie Aulostomus strigosus.


La vista de angelotes (o pez angel)
es frecuente en los fondos de Gran Canaria

Son frecuentes las viejas, sargos y salmonetes, y al igual que en El Cabrón existe un grupo más compacto aún de roncadores. Su formación es ideal para la fotografía submarina. Al tratarse de un lugar alejado de la costa, la Baja de Pasito Blanco es zona de paso de peces pelágicos costeros como el peto, el bonito listado, la sierra y grandes medregales, principalmente en primavera y verano, cuando las aguas son más templadas aún que en invierno, pese a que en los meses fríos rara vez baja de los 16 ó 17º.

Sardina del Norte

Rodeando la Isla, ya en su vertiente Norte, se encuentra el municipio de Gáldar. A la salida del mismo está la localidad de Sardina del Norte, un lugar frecuentemente visitado por los buceadores de Gran Canaria, especialmente por la comodidad que supone equiparse en su pequeño muelle pesquero.

El gran atractivo de este punto es la inmersión nocturna en las inmediaciones del dique. El fondo está constituido por una zona rocosa que se localiza junto a la costa y que desciende unos 16-17 metros hasta dar lugar a enormes rocas y amplias cornisas. A partir de ahí, mar adentro, el fondo es predominantemente arenoso. Durante la inmersión nocturna es posible observar numerosas especies de invertebrados y de peces que permanecen ocultos durante el día y por la noche desarrollan toda su actividad.

Entre los cnidarios cabe destacar a la anémona, que se fija con su disco basal a los bloques, el coralito, y otras especies de antozoos. Aparecen también numerosas especies de moluscos que se desplazan sobre las rocas.

Sobre la arena es posible localizar diferentes especies de caracolas que de día permanecen enterradas. También es frecuente la observación de algún calamar, de sepias, y pulpos. Destacar la presencia del lenguado que durante el día permanece enterrado, los burritos listados de la especie Parapristipoma octolineatum, o los besugos, entre otros.

Caleta de Abajo

En el mismo término municipal se encuentra la zona denominada Caleta de Abajo, un lugar expuesto al oleaje del Norte, de forma que sólo en determinados días se puede practicar la inmersión en esta zona.

No obstante, esos días son bien recordados por los buceadores por el laberinto que se forma con las grietas y cuevas en esta parte del litoral grancanario. Al ser un lugar muy batido, no aparecen poblaciones de erizos. Por este motivo, el fondo presenta una densa cobertura algal. Desciende sobre una plataforma rocosa, surcada por numerosos barrancos, y en torno a los 25 metros de profundidad comienza el sustrato arenoso. En la zona de transición entre los dos sustratos, son frecuentes las pastinacas, así como el pez ángel o angelote (Squatina squatina).

Entre los peces óseos, encontramos roncadores, burritos listados, sargos y salmonetes. Otra atracción de esta inmersión es la cueva situada en la base del veril, de grandes proporciones, en cuyo interior hay grandes anémonas.

A su alrededor se pueden observar gambas, y en el interior de la oquedad se producen surgencias de agua dulce que dan lugar a un efecto curioso en la visión cuando se mezcla con el agua del mar. Otro crustáceo frecuente en el interior de esta cueva es el centollo (Maja squinado).

Gran Canaria es un lugar de visita obligada para los amantes de las buenas inmersiones que también pueden optar por otras zonas como las cuevas de Veneguera, la Punta del Descojonado o los arrecifes artificiales.

Por otra parte, los numerosos barcos hundidos que existen en su litoral, consecuencia y demostración de la importancia de sus puertos desde finales del pasado siglo, convierten a este continente en miniatura, en la mejor Isla del Archipiélago Canario para el buceo en pecios, una apasionante aventura que conjugar en nuestra visita a esta porción de tierra que muchos consideran un vestigio de la desaparecida Atlántida.

© Texto: José Barrera Artiles
© Fotos: Rafael Herrero Massieu

 

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Última modificación: 31 desembre 2012 10:59


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