M@re Nostrum

EL GRAN AZUL
Comentario de una película
por Eulàlia Rodés Coma

ACERCAMIENTO A LA PELÍCULA

l Gran Azul es una película francesa producida en 1988 por el director Luc Besson, con música de Eric Serra.

Los principales intérpretes son:

Para empezar, salto atrás en el tiempo, a la década de los 60: Jacques, un chiquillo, vive en Creta con su padre, un recolector de esponjas. Su infancia transcurre entre el agua y los animales marinos y la dura muerte de su padre, que se ahoga.

En la isla también vive Enzo, un chico de su edad, que quiere competir insistentemente con Jacques, "el francesito" según él, para ver quién se sumerge y aguanta más tiempo bajo el agua.

Acto seguido nos encontramos ya con unos personajes con cerca de 30 años. Tanto Jacques (el protagonista) como Enzo se dedican a la práctica del profundismo. Jacques se ha perfeccionado mucho en la inmersión, aguanta muchísimo rato bajo el agua y nada como un pez. De hecho, se siente inusitadamente bien en el medio acuático.

Enzo va en busca de Jacques, su amigo y rival. A partir de aquí, se encontrarán en todos los campeonatos de profundismo.

Aparece también una chica en escena, Johanna, que se enamora de Jacques.

Finalmente, intentando superar a Jacques en profundidad, Enzo muere. Jacques, enfadado por la muerte de Enzo y alucinando por el deseo de mar, quiere reencontrarse con quien ama -su padre, Enzo... el mar- y se sumerge. Esta inmersión parece significar un sí rotundo al mar y dejar definitivamente el último vínculo terrenal de su vida, Johanna. Asume plenamente su naturaleza de hombre-pez.

LA HISTORIA

Desde hace algunos meses he ido escuchando la banda sonora de la película El Gran Azul, una música suave y profunda que me hace tener ganas de volver a ver la película. De hecho ya me habían hablado muy bien de ella, submarinistas y no submarinistas, y es que la película vale la pena.

Además de la música (de excelente calidad, estilo "new age", con sonidos que recuerdan, a veces, del fondo del mar...), la variada ambientación geográfica nos acerca al mundo y, en especial, a todo el Mediterráneo. Para empezar, las bellas islas griegas, al principio de la película en blanco y negro para significar un retroceso en el tiempo (1964); la Sicília de Enzo; La Raya, en los Andes (Perú), donde entra en acción Johanna y ve cómo en una aparición, en cámara lenta, a un ser enigmático, Jacques, vestido de submarinista en medio del hielo; La Riviera francesa, donde Jacques podría tener su casa si no fuera porque siempre va arriba y abajo y, sobre todo, se siente perteneciente al mar.


El Jacques Mayol verdadero

Jacques pasó su infancia en una isla griega, nadando y sumergiéndose con los delfines. El vínculo con el mar, además, se ve reforzado con la figura del padre, dedicado a la pesca de esponjas, que transmite una imagen poética del mar. "Cuando me canso, las sirenas me ayudan a subir", le dice a Jacques. Además, Jacques buscará más adelante al padre muerto en el mismo mar.

La amistad-rivalidad entre Jacques y Enzo viene desde pequeños. Viven en la misma isla y rivalizan constantemente delante del grupo de amigos de Enzo. Y resalto: "delante del grupo de amigos de Enzo", porque ya en la infancia Jacques aparece como un ser solitario entre los humanos. Uno de los momentos que une a los dos chicos es la muerte del padre de Jacques, vivida por su hijo desesperado desde la barca, y desde las rocas, por el asustado Enzo.


El Enzo de verdad,
Enzo Maiorca

En efecto, Enzo, un personaje enmarcado en una família italiana, con el hermano siempre complaciente y la figura de la "mamma", necesita enfrentarse a Jacques para sentirse mejor. Es por esto que ordena a su hermano: "Búscame al francés, encuentra a Jacques Mayol". Y a partir de aquí se encontrarán en todos los campeonatos de profundismo.

Jacques: calmado, enigmático, profundo y sincero. Es un ser de otro mundo y Enzo lo sabe. Es por eso que en un momento que Johanna se sincera con Enzo y le habla de su amor por Jacques, Enzo le advierte que Jacques "es de otro planeta".

Si bien intuye la naturaleza enigmática de su amigo, Enzo, vital y terrenal como es, intenta lanzarle un cable para que se aferre a la vida humana. En este sentido, al reencontrarse como adultos, está abierto para que Jacques le interrogue sobre la vida. Jacques responde "Yo no sé hacer preguntas". Está tan alejado de lo que es el mundo de los hombres que no sabe ni formular preguntas..

El naciente amor hacia Johanna hace que quiera aproximarse a los humanos y que busque a Enzo para que le responda a sus dudas. "¿Qué quieres saber exactamente?", le pregunta Enzo. "Todo sobre todo", le contesta Jacques, intenso e impreciso a la vez. Y Enzo le habla de las mujeres. Igualmente, la respuesta de Jacques ha sido inconcreta, porque difícilmente un ser de otro mundo puede definirse delante de los asuntos de los hombres.

Jacques está indeciso -"como un niño cuando empieza a dudar", según palabras de Enzo- por el mundo que se le abre delante: el amor de una mujer. Amor que habría sido viable tan sólo si el hubiera sido humano o Johanna hubiera sido realmente una sirena.


Entrenamiento a 50 m
de Enzo Maiorca

El médico que estudia el cuerpo de Jacques bajo el agua observa que la sangre se le concentra en el cerebro, ni siquiera alimenta los miembros. Este es un fenómeno únicamente observado en ballenas y delfines. Y es que Jacques es un ser más arraigado al mar que a la vida de los hombres.

De hecho, en uno de los momentos con Johanna, le enseña una foto de su família: un delfín, y le pregunta: "¿Quién tiene una família así?", y llora, porqué, a pesar de la atracción hacia Johanna, su mundo es incompatible con la vida humana.

Creo que este hombre-pez que es Jacques Mayol se siente empujado a ser un elemento más del mar enigmático, rico, libre, más puro y real, que vive más de acuerdo con las leyes del cosmos, de la creación. Sí, Jacques Mayol es un místico que, perfeccionándose en la forma de hombre-pez, consigue una unión misteriosa con el mar, con el universo.

Este esfuerzo para conseguir la perfección del pez dentro del mar, para llegar a ser un elemento más de este mundo acuático, viene reforzado por el recogimiento interior que comporta la práctica de la apnea y, también, porque dedica dos horas antes de cada inmersión a la práctica del yoga.

EL JACQUES MAYOL REAL Y LA PELÍCULA

Hay que decir que Jacques Mayol ha sido consultor técnico de la película, es decir, que ha colaborado en el guión, si bien la película no pretende ser una biografía fidedigna de sí mismo. En efecto, se pretende comunicar una manera de entender la vida y el profundismo, pero de forma novelada, por más que el nombre del profundista y colaborador de la historia coincidan con el del protagonista del film.

Para empezar, no pasó su infancia en Creta ni era huérfano de un pescador de esponjas. La infancia real de Jacques Mayol transcurrió en China y su madre se dedicaba al arte y su padre era un arquitecto de renombre. Además, el éxito no ha llegado en la realidad a un joven Jacques Mayol como muestra la película, sino que fué en 1983, a sus 57 años, que llegó a los 105 metros de profundidad.

En este caso sí que coincidiendo con la película, Jacques Mayol se interesa ya por el tema del profundismo cuando tenía 5 o 6 años, cuando va de excursión a lago Yangtze (China), y se siente cautivado por los delfines -en este caso de agua dulce- y constata que no son peces, que son mamíferos como él. Más adelante, en Japón jugó con delfines de agua salada y consideró que podía aprender mucho de estas criaturas.

I se ha dedicado a entender la contención de la respiración, a aplicarse la lección de los delfines. El sistema es el siguiente: bloquea la glotis y aguanta la respiración durante dos o tres minutos -lo que le permite reducir el ritmo cardíaco-; la sangre de los miembros pasa al tórax; la presión del agua aprieta el hígado y se libran hematíes, con lo cual hay más oxígeno disponible en la sangre. Además, justo antes de la inmersión se moja la cara con agua helada y así reduce, aún más, el ritmo cardíaco.


Los delfines, íntimamente ligados con la historia.

En la película, la unión con los delfines es evidente. Tan sólo hay que recordar que cuando bate el récord de 108 metros de profundidad y los delfines lo acompañan y celebran la gesta haciendo piruetas en superficie, y no solo los delfines del mar, sino también los del Delfinarium de Taormina.

En la realidad, Jacques Mayol también practica la inmersión con delfines. Concretamente, a menudo le acompañan dos delfines, que, si bien no tienen por costumbre nadar a estas profundidades, cuando baja sí van a encontrarse con él y lo acompañan hasta la superficie, y lo transportan cuando está bajo en reservas. Queda claro que el encanto no es tanto como en la película, porque arriba les espera la recompensa en forma de comida.

Jacques Mayol ha sido un pionero de los campeonatos de profundismo. Y otra figura importante de este mundo ha sido Enzo Maiorca, al que de forma novelada encontramos en el personaje de Enzo Molinari en la película.


Francisco "Pipin" Ferreras 

El primer campeonato del mundo y también en los sucesivos, a veces, fueron un duelo estricto entre él y Enzo Maiorca, tal y como pasa en la película.

En 1970, cuando llegaron a los 76 metros en Japón, la Federación dijo basta, que aquello era excesivo, y dejó de reconocer los récords durante una época.

Entre 1973 y 1976, el propio Mayol se sumergió hasta los 100 metros con sensores, cables y catéteres por todo el cuerpo. Así la ciencia se ha ido explicando la posibilidad de que el cuerpo humano soporte estas profundidades y, por este motivo, la Federación ha consentido de nuevo este tipo de campeonatos.

En 1983, llegó a los 105-106 metros completamente relajado. De hecho, cree que habría podido ir más allá. Esta relación entre el profundismo, la medicina y la Federación también aparece en la película.


Umberto Pelizzari y
Jacques Mayol, rivales y amigos.

Lo que realmente interesa a Jacques Mayol y que hace que continúe practicando el profundismo es la belleza. "Todas las cosas pasan a ser uniformes, pasan a otra zona, no te distraes en el azul profundo ... Es un sentimiento, muy, muy especial."

Jacques Mayol se acerca a los 70 años y practica habitualmente el profundismo. Se ha encontrado a si mismo. Cuando no puede bajar, añora el contacto con el agua y el hecho de ser comprimido por la presión. Es un adicto. Jacques Mayol está "enganchado" a la profundidad.

Cuanto más habla sobre la película, más muestra cierta insatisfacción, porque considera que las inmersiones, a veces, no son del todo realistas y porque, aunque entienda la línea comercial que ha tomado el film, no está de acuerdo con la comparación entre Enzo Maiorca (el Enzo de verdad) y él. Enzo Maiorca sale malparado y esto le sabe mal.

Es más, la película le ha costado su amistad.

Como dato final, lo que sí es indiscutible es que la película ha hecho que Jacques Mayol sea más (re)conocido.

Jacques Mayol falleció el pasado 22 de diciembre de 2001 en su casa de Elba (Italia) a los 74 años. Con él se apagó una de las más brillantes (y polémicas) luces del profundismo mundial.

APROXIMACIÓN AL PROFUNDISMO


El final de la cuerda, unión con el entorno

Se trata de una actividad de alto riesgo, pero de un riesgo controlado y asumido. Por descontado, bajar a 100 metros de profundidad tratándose de personas normales llevaría a un desenlace fatal por edema pulmonar o ahogamiento, riesgo principal de toda actividad acuática, consecuencia de una pérdida de consciencia en el agua.

No se emplea máscara, porque a grandes profundidades no hay aire suficiente en los pulmones para compensar el efecto ventosa.

Los profundistas usan una pinza nasal. Ésta les permite efectuar la maniobra de Valsalva, necesaria para todo submarinista, pero sin la intervención de los dedos, que les haría perder tiempo.

Generalmente, unos 15 minutos antes de la inmersión, el profundista hace apneas a poca profundidad (20 metros) para ejercitar los pulmones. Aproximadamente, cuando faltan 10 minutos para la inmersión, hace ejercicios de respiración lenta, aumentando la cantidad de aire en cada inspiración (hiperventilación). Finalmente, el profundista levanta la mano y comienza la cuenta atrás (solo faltan 5 minutos para la bajada).


Umberto Pelizzari con un récord de 123 metros de profundidad

Los buzos asistentes que están por debajo de los 70 metros respiran "heliox" (mezcla de helio y oxígeno). Tanta gente situada a profundidades peligrosas es un motivo más para el despliegue de la asistencia médica.

Las pruebas a estas profundidades implican un control estricto: verificaciones por parte de los jueces; buceadores cada 10 metros; una campana a una profundidad ligeramente superior al récord a batir, en la cual hay buceadores dispuestos a ayudar al profundista, y cámaras de televisión, para que los jueces puedan supervisar la competición; despliegue médico también en embarcaciones y en tierra.


Las categorías homologadas en los récords de profundidad son las siguientes:

  • Profundismo con flotabilidad constante. El buceador emplea la cantidad de lastre que desea pero exactamente el mismo para subir que para bajar. Sube a superficie sin la ayuda de un globo.
  • Profundismo con flotabilidad variable controlada. Bajada por el cabo con un máximo de 30 kg de lastre y ascensión por el mismo cabo empleando medios propios -con aletas pero sin globo-.
  • Profundismo "No Limits". El buceador desciende y asciende como quiere.

PARA ACABAR ...

El Gran Azul es, sin duda, una película existencial y poética: A Jacques se le revela su condición y se reconcilia con su propia naturaleza. Se acerca al mar, al cosmos, y encuentra el sentido de la vida.

Siempre que escucho la música de El Gran Azul, me viene a la mente la magnitud del mar y el deseo de acercarme a él. Por suerte, el submarinismo me lo facilita.



© Texto: Eulàlia Rodés

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 06:03


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