M@re Nostrum

Orfeo y el cabo Norfeu
por Josep Mª Dacosta


Norfeu está compuesto por rocas metamorfizadas. Vemos una veta de calcárea metamorfizada sobre la que aparece una Euphorbia dendroides

l cabo Norfeu se encuentra en Roses (Girona, España). Forma parte del Parque Natural del Cap de Creus, creado por ley del Parlament de Catalunya el 25 de febrero de 1998. Norfeu, es según palabras del escritor Josep Pla uno de los lugares emblemáticos de la Costa Brava:

"Hay en la Costa Brava dos cabos que a mi entender merecen sendos grandes saludos, a ser posible con sombrero de copa. Estos dos cabos son el de Bagur (sic) y Norfeu. Ambos son truculentos y espectaculares y otros de mayor importancia geográfica - el de San Sebastiá (sic), el de Creus- no llegan a tener su personalidad inconfundible.

(...) El de Norfeu tiene una virginidad mineral soberbia, una pureza cósmica intacta, una soledad altiva e indiferente".

Un lugar tan magnífico como el cabo Norfeu, había de tener una leyenda mitología, que transcribimos a continuación:
 

EL HIMNO DE ORFEO

Una de las leyendas que divulgaron los "parlotaires" durante la segunda mitad del siglo XIX es conocida por "el Himno de Orfeo", esta narración forma parte del folklore renacentista ampurdanés y tiene todas las características de una influencia neoclásica.

Al igual que todas las narraciones de los "parlotaires" no existe ninguna narración escrita y únicamente una tradición oral ha cuidado de hacerla llegar a nuestro conocimiento.

Hemos procurado, al referir esta curiosa leyenda, atenernos lo más exactamente posible a la tradición oral que conocemos, y aún cuando sea de corto valor literario, tiene el poder de evocación del sentido poético de aquellos días.

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El "gat" (gato) de Cap Norfeu

No lejos de la villa de Rosas, camino de Norfeo, surgen del mar unas rocas o escollos que tienen todo el aspecto de una modestísima isla, indudablemente constituyen un paso peligroso para las embarcaciones que navegan cerca de la costa, pero este peligro es fácilmente sorteable para los marineros que conocen su existencia.

Estas rocas son conocidas con el poético nombre de "Roques del Encís" (Rocas del Hechizo) y también con el de "Puntal d'Orfeu" (El soporte de Orfeo).

En tiempo que las divinidades paseaban a su gusto por este mundo, en fecha muy anterior a la llegada de los griegos a la costa catalana, el divino Orfeo se enamoró locamente de Venus, la pasión era tan intensa que no podía apartar de su pensamiento a la diosa, la cual le inspiraba sus más bellas y líricas composiciones.

Durante las noches, Orfeo acudía al domicilio de Venus y debajo de la ventana, acompañado de su lira, entonaba sus melodiosos cantos, no dejando de cantar hasta la salida del sol.


La mitología siempre representa a Orfeo con su inseparable lira.

Los primeros días de su serenata la diosa no salió a la ventana, pues temía que el hecho llegara a conocimiento de su marido Vulcano, pero al transcurrir de los días su instinto femenino fue más fuerte que el miedo y se mostró en la ventana al maravilloso cantor que, lleno de satisfacción durante varios días, le dedicó lo mejor de su repertorio.

De esta manera fueron transcurriendo los días, en pacífica y dulce armonía, Venus presumiéndose para salir a la ventana y Orfeo cantando, lleno de inspiración.

La diosa estaba dispuesta a hacer donación de su amor a Orfeo, cuando Júpiter, que desde hacía algún tiempo se sentía inclinado hacia Venus, fue a visitarla y le declaró su amor. Tan convincentes fueron las razones que Júpiter expuso a Venus que la diosa aceptó su íntima amistad correspondiendo a su nuevo amante.

Mas he aquí que por la noche Orfeo, que ignoraba el proceder de Venus, fue a darle su acostumbrada serenata y lleno de inspiración le cantó una de sus mejores composiciones; Júpiter, que en aquellos momentos se encontraba junto a su amada, quedó muy satisfecho de la dulce tonadilla que se escuchaba y como en el fondo de su corazón sentía cierta inclinación hacia el romanticismo, determinó abrir la ventana para conocer al cantor.

A pesar de los esfuerzos que hizo la diosa para impedirlo, pues no quería disgustar a Orfeo, no le fue posible y Júpiter, abriendo de par en par la ventana se mostró a Orfeo, el cual llevóse la desagradable sorpresa de ver sustituida la hermosa presencia de Venus por las magníficas barbas del dios.

Unos días después de este incidente el divino Orfeo, llevándose con él la lira que nunca olvidaba, decidió embarcar en una nave dispuesto a encontrar en el mar la felicidad que había perdido.


En las vertientes expuestas al viento crecen plantas en disposición semiesférica, pulvinar, como estas Astragalus massiliensis.

Después de una larga temporada de navegación, una fuerte tempestad hundió la nave, quedando nuestro héroe sobre la olas, sosteniéndose en su lira, que era de madera. En esta situación estuvo unas horas hasta que la lira, arrastrada por la corriente, llegó hasta un pequeño islote.

Ya en tierra firme, Orfeo se creyó salvado y como las estrellas brillaban en el cielo por ser de noche, el instinto de poeta que lo dominaba le inspiró un himno que interpretó seguidamente, cantando la grandeza de la tempestad que había presenciado.

El himno de Orfeo era de tanto vigor y belleza que los peces enternecidos y maravillados se apresuraron en ir a comunicar la llegada de tan importante personaje a Neptuno, que en aquellos días se encontraba veraneando en las playas de la Selva.


La silueta del cabo Norfeu, vista desde el sur, asemeja la silueta de un rinoceronte durmiendo. La roca del Carall Bernat es el cuerno.

Al amanecer, cuando el sol iluminó los cielos, Orfeo contempló desde el islote a los Pirineos, dándose cuenta exacta del lugar donde había ido a parar. La grandeza y majestad de los Pirineos impresionaron a Orfeo y admirado por ello les dedicó una de sus más inspiradas canciones; el canto de Orfeo tenía tal sentimiento y tan divina atracción que los Pirineos, no pudiendo resistir el hechizo de su voz, se fueron acercando al cantor, perdiendo su estabilidad y derrumbándose sobre el mar, mientras rendían homenaje de admiración al genial poeta. Con este cataclismo surgió el Cabo de Creus y la bahía de Cadaquers (sic), tomando la costa el maravilloso aspecto que aún hoy día conserva.

Bibliografía

  • Pla, Josep (1945) "Guía de la Costa Brava (de l'Estartit a Portbou)". Editorial Destino, segunda edición 1945. Esta edición se publicó en castellano y la misma editorial, ya dentro de la obra completa de Josep Pla, la publicó en catalán en 1976, en el volumen 30: "Tres guíes"
  • Sans, Rómulo (1949) "El Ampurdán en el siglo XIX" Imprenta Cervantes, Barcelona.

© Texto y fotos: Josep Mª Dacosta

 

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Última modificación: 07 d’agost 2017 05:53


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